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Arturo Montejo Ráez

10 octubre 2013

El comienzo de una nueva era informática

Filed under: Sin categoría — 10:19 am

Entendiendo “Informática” como “tratamiento automático de la información” nos topamos con la más denostada de las profesiones ingenieriles, sin atribuciones, sin reconocimiento ni sueldos dignos y, sin embargo, con el futuro del mundo digital en sus manos.

Como el programador que siempre me he considerado, hace tiempo que disfruto indicando a los ordenadores esa serie de instrucciones que definen una idea que, bien formada y planteada, dan vida a dicha idea en una suerte de conjuro cuasi mágico, donde los invisibles circuitos procesan a la velocidad de la luz. Puede ser un planteamiento pueril, pero sigue siendo el toque de perfume que torna trabajo en pasión.

A pesar de este comienzo del post, la situación de nuestros estudiantes en cuanto a sus salidas profesionales puede considerarse milagrosa, en los tiempos que corren, y sigue siendo habitual que mis alumnos empiecen a trabajar antes de obtener el título, reviviendo el consejo paternal de “no lo dejes y termina los estudios” curso tras curso.

A pesar de Montorescos y Cospedaletos, cual novela shakespeariana, que dirigen al país a un bajío científico, educativo y, en definitiva, humano, sin impedimiento por parte de socialistos e izquierdas inmóviles, aletargadas por la costumbrista tradición de criticar al señorito en el bar pero agachar la cabeza en su presencia, nuestra profesión sigue gozando de una relativo apalancamiento (entendido como su homólogo inglés “leverage”) hacia una demanda creciente.

Datos, información, conocimiento… esa tripleta difusa que conviene conocer y definir, entender y saber tratar. Porque los datos son sólo hechos, medidas, colores, valores inconexos de origen diverso que, relacionados, son capaces de construir una historia, de describir un proceso, de dibujar un paisaje al que llamamos información. Pero esta obra pictórica no tendría sentido sin un observador, un entendido que sea capaz de captar sus matices, de comprender su belleza y de integrarla en un saber más amplio. A esta capacidad última la denominados conocimiento. Y es que conocimiento surge de la semántica, de la comprensión, de la experiencia.

En un mundo desbordado por los datos y la información tienen un papel fundamental las herramientas que nos ayudan a coger ese acervo de colores, mezclarlos, plasmarlos en un lienzo siguiendo el oculto esquema de un diseño que dirige el movimiento del pincel, para llegar a una obra que sea digna de admirar. Hay más material del que jamás ha tenido la humanidad, y casi que todavía no sabemos qué hacer con tanto tinte. Y, de entre acuarelas, ceras, témperas u óleos, el lenguaje natural es el más abundante y retador. No olvidemos que el mejor artiste es aquel que, tras años de trabajo y estudio para alcanzar la depuración de la técnica, es capaz de ir más allá.

Pintemos, señoras y señores, pintemos. Porque, en el fondo, programar sigue siendo un arte.

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