Luces y sombras en la Ley Celaá y algunas propuestas

La denominada Ley Celaá, aprobada a finales del año pasado, es una más de las que engrosan la dicotomía izquierda/derecha en el poder, una vez agotada (o no) la tentativa de aunar posturas y hacer algo más alejado de las ideas del político de turno, pero más duradero en el tiempo. Esta nueva ley educativa nace entre verdades y mentiras, entre luces y sombras. Pero ¿qué es lo que aporta de novedoso? Depende del color del cristal con el que queramos mirarla; hay cuestiones que son incuestionables, mientras que otras precisan de alguna aclaración que probablemente está alejada del terreno de la pedagogía.

Inicio mis reflexiones en torno a lo que considero que es esencial en educación y que ninguna ley siguiente debería cambiar. En primer lugar, primar siempre la educación pública frente a la privada. Al menos, la LOMLOE intenta equilibrar ambas, al estar muy desfavorecida la primera por la anterior Ley Wert. La educación pública debe ser el eje sobre el que gravite la justicia social, al ser el que posibilita la igualdad de oportunidades.

Las repeticiones de curso no dan resultado. He estado 18 años como maestro y profesor de Secundaria y no conozco ni un solo caso que, tras repetir, el alumno o la aluna consiguiera terminar aprobando Primaria o Secundaria. Las repeticiones de curso solo sirven para acreditar el fracaso del sistema educativo. Algunos medios han llamado “ba

rra libre” a que la nueva ley permita pasar de curso con asignaturas suspensas. No estoy de acuerdo, lo importante es poner las bases para que los centros favorezcan que la escuela compense las dificultades que muchos niños o niñas traen de casa. El origen familiar marca la trayectoria vital de las personas. Esto se nota a primera vista cuando el alumnado llega a los colegios. En ese momento es cuando debe actuar el microsistema educativo del centro y poner las bases para que no ocurra. Se trata de hacer efectivo el carácter preventivo de la educación.

Para que lo anterior pueda ser una realidad, hace falta poner en marcha medidas que ninguna ley debería olvidar. Me refiero a la suficiente autonomía de los centros que permita la adaptación curricular y organizativa del currículum al contexto y a las peculiaridades del alumnado escolarizado. Por ejemplo, poder crear grupos heterogéneos para trabajar determinados contenidos académicos, que favorezcan una permeabilidad entre aulas. En los mismos, niños y niñas de diferentes aulas aprenderían conceptos que quedaron poco claros o que no se adquirieron de forma adecuada en su momento. La nueva ley incluye como novedad el hecho de que los centros puedan elaborar una parte del currículum, lo cual es ciertamente un logro que debería perdurar en el tiempo e incrementarse en el futuro.

Otro aspecto fundamental en un auténtico sistema de garantías de igualdad es la escolarización integral y gratuita del alumnado, con un trato preferente a la Etapa Infantil, integrando ya en la misma al ciclo 0 a 3 años y al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo.

Merece una mención aparte el trato de la educación especial en la nueva ley, objeto de todo tipo de críticas y motivo de diversas manifestaciones en las calles. Intentar atender al principio de normalización es una aspiración a la que ningún sistema educativo debe renunciar. La ley pone el énfasis en que las familias tendrán una participación activa cuando se realice la inclusión de sus hijos en un centro ordinario. Ahora bien, aunque la ley lo contempla, es importante velar porque se cuenten con los recursos para que esta escolarización tenga la calidad que este tipo de alumnado precisa. Conviene no banalizar la importancia que puede tener en la formación integral de los niños y las niñas, compartir un mismo espacio de convivencia con todo tipo de compañeros y compañeras.

A pesar de lo expresado anteriormente, es cierto que la ley incluye medidas que van a permitir un cambio en el enfoque tradicional de las asignaturas, que podrán estar más basadas en competencias y organizarse por ámbitos, lo cual puede conllevar que el trabajo por proyectos pueda ser una realidad más viable. Queda por saber qué dirán las editoriales, que tanto peso tienen sobre la decisión final de los equipos docentes. En muchas ocasiones choca frontalmente un material de clase rígido con una perspectiva ecológica basada en el contexto y en el devenir de los acontecimientos, de manera especial en las etapas Infantil y Primaria.

La lucha contra la segregación escolar es un aspecto muy positivo por destacar, procurando en la medida de lo posible que los centros acojan de manera proporcional al alumnado de familias desfavorecidas, con necesidades específicas de apoyo educativo, inmigrantes y, por supuesto, la escolarización por igual de alumnos y alumnas. De la misma forma, es muy positivo que no se subvencionen centros que segreguen por sexos.
El retorno de los programas de diversificación curricular pone de manifiesto que el sistema educativo reconoce que hay una porción del alumnado que no consigue llegar al nivel exigido y, por tanto, puede cursarlos a partir del tercer curso de Educación Secundaria, consiguiendo así obtener el título de la ESO de una forma más fácil.

Resulta, cuanto menos sospechoso el trato que tiene la lengua castellana, esta que tanto valoramos en la universidad, pues nuestros alumnos cada vez tienen más dificultad para expresarse de forma oral y escrita. Ceder terreno ante las lenguas madres de comunidades autónomas es un error, que además carece de sentido. Las dos tienen cabida por igual en el sistema educativo, nunca se puede poner una por delante de la otra.

En aras de hacer más prevención y menos remedial el sistema educativo, está la medida de cambiar la reválida por evaluaciones diagnósticas. En ellas quedarán plasmadas las competencias adquiridas y las que fueron relegadas a un segundo plano, con el fin de que los propios centros puedan poner en marcha diferentes acciones para mejorarlas. Si esto se consigue que funcione de forma adecuada, será, bajo mi punto de vista, un gran logro de esta ley, pues se busca mejorar antes que sancionar, que es lo que hacía la reválida. De igual forma, es muy interesante la aparición de un Bachillerato para los alumnos que presenten una formación polivalente y no tengan claro qué estudiar al terminar sus estudios obligatorios.

En la parte de organización de los centros se recupera espacio para la democracia y se consolida de nuevo el papel de los consejos escolares, tan denostados por la Ley Wert. Es importante no perder nunca de vista la necesidad de que los padres están presentes en los centros y se diluya así la distancia entre la institución educativa y familias.

En otro orden de cosas, hay algunos temas que son tocados de soslayo por la nueva ley, pues da la impresión de que los legisladores no quieren herir fibras sensibles. Entre ellas, destaca la Religión (católica), que sigue siendo una disciplina de adoctrinamiento en las escuelas en un país que hace años abandonó el concepto tradicional del catolicismo. ¿Qué trabajo cuesta poner una asignatura titulada algo así como Historia de las religiones y dejar que sean las familias las que lleven a catequesis a sus hijos o a dónde deseen? Cercano a este tema está la escuela concertada, que si bien ha tenido una pequeña recolocación en el texto de la nueva ley (muy suave), siguen siendo en muchos casos empresas dedicadas a la educación, donde no se controla, por ejemplo, el acceso al puesto de trabajo. Los centros concertados tienen libertad para contratar como quieran a sus docentes, a pesar de que son los conciertos públicos los que sufragan sus nóminas. Una clara discriminación de las escuelas públicas.

Finalmente, quiero hace referencia a dos temas medulares que me parecen muy importantes: la cultura del esfuerzo del alumnado y la consideración del profesorado. La primera, es algo inherente a la propia persona. Ninguna ley educativa puede cambiar la forma de ser con sanciones o castigos, el esfuerzo constituye la base del trabajo diario que propicia el docente y refuerza la familia. No se consigue suspendiendo, sino valorando de forma adecuada lo que cada uno hace, permitiendo que se sienta realizado.

Cobra así un papel fundamental el profesorado, necesitado desde hace años de un reconocimiento de su esfuerzo. A menudo se habla de la labor de los sanitarios en la pandemia, pero no se dice nada del profesorado, que está día a día en centros repletos de alumnado, con el consiguiente peligro de contagio. El profesorado ha asumido su responsabilidad, consciente de que realiza una labor insustituible, pero sería justo reconocerlo.

De forma paralela, al profesorado se le viene prestando muy poca atención desde el punto de vista de la mejora de su formación inicial y continua. El acceso a la función pública no puede estar supeditado en exclusiva a un examen, ni el acceso a la universidad a una selectividad común al resto de grados. La profesión docente es singular, precisa de personas bien formadas, pero también de personas comprometidas con la enseñanza. Hablo de vocación, un término olvidado por las administraciones a lo largo de los últimos años. En el caso de Secundaria, ambas percepciones cobran mayor peso, pues muchos de estos profesores nunca consideraron dedicarse a la docencia y acceden a la misma tras un cortísimo máster en el que apenas reciben especialización, y una oposición en la que no demuestran estar preparados para el gran reto que constituye el trabajo con la población adolescente. Mejor formación y selección del profesorado es igual a mejor calidad educativa.

Publicado en Educaweb:

https://www.educaweb.com/noticia/2021/01/28/luces-sombras-ley-celaa-19441/

A propósito de la Ley Celaá. De nuevo el tocap… de Reverte

Mucho se está escribiendo sobre la nueva ley de educación y entre mentiras y verdades a medias se está creando un caldo de cultivo que no es bueno para la educación, ni mucho menos para la sociedad. Desgraciadamente los políticos no se ponen de acuerdo, porque las dos Españas de Machado siguen vivas y cuando un partido llega al poder deroga lo que el otro hizo. Pero en educación existe un peligro añadido, porque nos jugamos nuestro futuro, la esperanza de esta sociedad tan maltratada en los últimos años.

Hay una frase que desde que la leí y la estudié la repito a menudo. Es de Ramón de Campoamor, poeta realista de finales del siglo XIX: “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Llevada al mundo actual, este cristal serían los periódicos, las televisiones, las opiniones de tertulianos (esos que saben de todo), las redes sociales, … y esto que se ha venido en llamar fake news en el más puro anglicismo, que queda fino y muy moderno, pero que a mí personalmente me gusta llamar una falsa noticia o un bulo. Así, en nuestro querido castellano.

Varias de estas mentiras vienen disfrazadas de supuestas opiniones de presuntos sufridores de la ley. El domingo pasado, en el diario El Mundo, Olga R. Sanmartín ponía en labios de un alumno que la Ley Celaá iba a permitirle dejar de estudiar una asignatura. Ojalá existan esos alumnos que saben quiénes son los ministros y conocen las leyes. Toma además la articulista como referencia a uno de esos colegios concertados que “tienen ganada la gloria” como diría mi madre. No le interesó coger otro también concertado, pero élite, esos que de manera encubierta cobran cuotas a los padres para sufragar “actividades extraescolares”. Se le olvida a la articulista que los centros concertados son empresas y las empresas no se fundan para hacer actos benéficos, sino para ganar dinero. O para adoctrinar, como es el caso del centro de Entrevías que cita, pues es un centro de confesión franciscana. En esta vida nada es gratis, ya se sabe. A pesar de esto, valoro muy positivamente el trabajo de este tipo de escuelas situadas en barrios marginales de las ciudades. Si bien, su labor también podría desarrollarla igualmente (o mejor) un centro público aconfesional.

Pero el artículo que más me ha tocado la moral es el que publicó el tocap… de Pérez-Reverte hace unos días en el XLSemanal, titulado “El profesor vencido”. De nuevo, se toma como referencia a un presunto profesor, amargado y harto de las reformas socialistas (incluso lo pone como muy de izquierdas) para insultar a los pedagogos y al equipo de “pseudopedagogos” que vomitaron (textual) la LOGSE y destrozaron la educación en España. Llega a llamarlos hijos de puta. Está claro, que dicho profesor era más partidario de la obsoleta Ley General de Educación de 1970, promulgada en la época franquista.

Es conveniente hacer un poco de historia. Ya en el 2008 escribió Reverte un artículo titulado “Subvenciones, maestros y psicopedagogilipollas”. Le respondí en el artículo “De educación sabe todo el mundo”, publicado en mi blog (http://blogs.ujaen.es/apantoja/?m=200804 ). Obviamente, lo leyó muy poca gente, pues no tengo ni de lejos la proyección social de Pérez-Reverte. Claro, soy un simple maestro y pedagogo, un profesor titular de universidad sin importancia.

Pero retomemos el asunto. Es Pérez-Reverte un ignorante en toda regla en materia educativa y se atreve, tal vez porque ya no tenga ideas para su columna del XL, a arremeter contra todo el mundo. Contra los pedagogos o contra los psicopedagogos es fácil, porque nadie nos defiende, somos poca cosa, incluso innecesarios piensa él. Pero ofender, ofende. Eso lo hace con suma facilidad. Como he dicho, en este último artículo toma como referencia, tal y como hiciera en el anteriormente citado, a un profesor que me da la impresión que se despertó de un sueño de varios siglos y llegó a las aulas casi sin transición. Habla el profesor de estudiar griego antiguo y latín,  como si estas lenguas muertas fueran la esencia de la vida. Como en su centro hay muy pocos que las estudien, pues son analfabetos. Yo las estudié, hice bachillerato de letras y al cabo de más de 40 años puedo decir que me han servido de muy poco. Pero hoy en día, servirían para menos. Pero no es ese el meollo del asunto. Se queja el profesor (o sea, Reverte) de que los alumnos ahora no tienen interés por Ovidio, Homero, Sófocles, o que ya no se dedica tiempo a estudiar la Escuela de Traductores de Toledo. Y claro, por arte de birli birloque, de esto tienen la culpa los pedagogos. Bueno, pues muy bien, para ti la pelota. Como maestro y pedagogo que soy, le digo varias cosas: 1) El que habla no tiene ni idea de lo que es la educación actual; 2) Estamos en el siglo XXI, los alumnos tienen intereses e inquietudes diferentes a los que este profesor piensa que deben tener; 3) Precisamente, un error pedagógigico de primero de preescolar es no ponerse en el lugar del que aprende; 4) El maestro, el profesor es el que debe crear el interés de sus alumnos por el aprendizaje. Claro, que Reverte, perdón el profesor, piensa que la educación cartesiana todavía está vigente, que el niño si se le aprietan las clavijas (a ver… estoy pensando… será eso de la letra con sangre entra) se enamorará del griego y de Sófocles y las frases de wasap o sus conversaciones en las redes sociales, estarán repletas de odas al viento o a los pétalos del jazmín amarillo. Ah, qué bonito es soñar, tener una máquina donde meter a los niños cuando nacen y devolverlos a plena Edad Media, donde no había estímulos de ningún tipo y el pensamiento estaba sesgado por la sociedad machista de la época. El problema, señor Reverte, es que estamos en el siglo XXI y la pedagogía, sí la pedagogía, se ha adaptado al tipo de alumnado que tenemos. Entre la pedagogía y el alumnado, están los profesores, en especial los profesores de instituto, porque los maestros no tienen el problema que argumenta en el artículo. Los profesores de instituto, muchos de los cuales son herederos del antiguo CAP, sin apenas formación en pedagogía y didáctica, mantienen una estructura de pensamiento cartesiana. Claro, esto lleva a argumentos fáciles como que los alumnos no saben escribir, tienen faltas de ortografía, no conocen el gótico, etc. etc. Y ¿quién tiene la culpa? Pues claro, la ley educativa.. y, por supuesto, los pedagogos. Si los alumnos que no superan los exámenes se les hiciera repetir y repetir hasta que cumplieran 100 años en los institutos, seguro que aprendían. O mejor, los expulsamos del sistema y que se busquen la vida. Ah, claro, los que tengan profesores particulares y los preparen no, esos que sigan. Sí, entiendo, señor profesor. ¿Acaso cree que si se pusiera el griego antiguo como asignatura obligatoria tres horas a la semana, los alumnos sentirían pasión por esta lengua muerta y tendrían una cultura clásica espectacular que acreditarían en sus largas charlas por wasap?

Concuerdo, eso sí, en que existe una falta de cultura básica en la sociedad actual y que el alumnado no sabe escribir, tiene faltas de ortografía y encuentra dificultades para argumentar ¿se puede corregir esto con una ley educativa? Soy profesor de universidad, pero casi 20 años atrás lo fui en Educación Primaria y en Secundaria. Señor Reverte, yo sé de educación y le digo que no son las leyes educativas las que hacen que ocurra esto. Las leyes entorpecen o mediatizan el ejercicio de la educación, esto es cierto, pero no son la clave. Son los centros los que tiene que crear con programas específicos, condiciones para que las competencias básicas (sí, competencias) se consigan. Y sí, señor Reverte, la transversalidad es imprescindible, el trabajo colaborativo, la resolución de problemas, la toma de decisiones, etc. Bien manejado por el profesorado, esto funciona, porque atrae al alumnado, le supone un reto, una aventura, algo nuevo, diferente. Sitúa el aprendizaje en el contexto en el que vive el niño de hoy. Por ejemplo, proponer un proyecto para representar una tragedia de Séneca en el salón de actos del centro y para ello deberán hacer un presupuesto (matemáticas, excel), estudiar la vida del autor (historia, ordenador, internet), adaptar la obra (Lengua, Literatura, Latín), preparar el vestuario (educación plástica y visual), hacer la propuesta de viabilidad de la obra (presentación en powerpoint o similar) y, lo más importante, ser muy creativos para poner en valor una obra de antes de Cristo (Religión). Sigo, señor Reverte.

Termino con una pregunta: ¿qué ha hecho ese amargado profesor para necesitar inhibirse de la realidad, para querer sentirse -como tanto repite Reverte en diferentes foros- un inglés en Marruecos? Cambiar la educación es una tarea ingente a la que nadie nos atrevemos, pero sí podemos cambiar la que tenemos a nuestro alcance. Si este profesor no consiguió nada es porque en realidad es un frustrado, no eligió bien su profesión, se equivocó, pensó que los niños ya nacen queriendo aprender todo, incluso lo que no les interesa o no le ven sentido. Este profesor no tiene ni vocación, ni sabe cómo crear en sus alumnos la ilusión por estudiar, la ilusión por levantarse cada mañana pensando en lo bien que se lo pasarán en el instituto a la vez que aprenden. Esta es la magia de la pedagogía, esa de la que tan poco sabe usted, señor Reverte. Zapatero a tus zapatos.

Un nuevo libro: Buenas prácticas en la tutoría universitaria

En el marco de una nueva universidad, surge un nuevo modelo de docente y de tutor con capacidad, no solo de enseñar, sino de entender a la vez el aprendizaje del alumnado, los aspectos que rodean su vida en la universidad y la preparación para la salida de la misma. En esta realidad se inscribe el presente libro, fruto de una investigación desarrollada al amparo del proyecto I+D de excelencia TIMONEL, en el que se abordan diferentes temáticas que definen las buenas prácticas de los tutores.

La obra propicia un mayor conocimiento especializado en las áreas de intervención sobre las que basa su trabajo el profesorado y ofrece respuestas al derecho del alumnado a una atención diferente de la que se centra en el contexto del aula. Con este propósito se analizan distintas formas de actuar, estrategias y técnicas utilizadas, metodologías de aprendizaje emergentes, así como un conjunto de procedimientos que confieren personalidad propia a cada tutor.

Un buen desempeño de la labor tutorial favorece una mejor preparación de nuestros estudiantes para progresar en sus estudios, ser mejores personas y abordar con éxito el importante reto de incorporarse al mundo laboral.

Pantoja Vallejo, Antonio (coordinador). Buenas prácticas en tutoría universitaria. Síntesis.

  • ISBN: 9788413570990
  • Publicado 02.09.2020
  • Páginas 244

Reseña completa: https://www.sintesis.com/libros/educaci%C3%B3n-384/buenas%20pr%C3%A1cticas%20en%20la%20tutor%C3%ADa%20universitaria-ebook-2849.html

Para qué sirve un rey: Una mirada educativa

Los educadores nos encontramos ante una difícil encrucijada: cómo explicar democracia a nuestros estudiantes y encajar en la misma la figura de un personaje que no es elegido y que tiene un cargo que se hereda y que además es inviolable. A los estudiantes de bachillerato y universidad, se les puede argumentar que para que todos podamos seguir viviendo en el mismo país y no terminásemos en una guerra civil, hubo que inventar algo que se llama monarquía parlamentaria, que tiene esta excepción. Ya con esta edad te dirán que no lo entienden, que por qué es tan necesaria para una parte de la sociedad, si solo algunos países tienen rey. También, algún alumno más aventajado podría decir que si la constitución habla de rey y no de reyes, porque Juan Carlos I es emérito. Buena pregunta, le diría. Siempre habrá algún estudiante más politizado que podría decir ¿no es el PSOE un partido republicano? ¿por qué apoya tan cerradamente la monarquía?
Como actividades, en la universidad podríamos leer en clase las noticias publicadas en algunos periódicos, cómo ABC y La Razón, comprobando cómo defienden la figura del rey como si viviéramos en la Edad Media, al mismo tiempo que otros periódicos, como el Mundo ofrecen dos caras, y el País y la Vanguardia se decantan por reflexionar sobre lo que supone un rey en una democracia. Volviendo a la escuela, podríamos leer algunos cuentos de príncipes y princesas, hacer dibujos en papel o en la tablet y debatir sobre la figura del príncipe azul. Aquí ya aparecerían los rasgos de machismo que presenta y la cosificación de la mujer que está dispuesta ser un adorno con tal de contar con la complacencia del príncipe azul. Avanzaríamos a Primaria y allí no nos quedaría más remedio que darles la mala noticia de que el príncipe azul no existe. En los institutos, la polémica estaría servida si hablamos de la infanta Leonor y cómo por haber nacido donde ha nacido será la nueva reina de España. Buen momento, para señalar el toque de modernidad que supone que sea una reina y no un rey, como viene siendo costumbre. Claro que habría que tratar el papel que tiene en todo esto la reina doña Leticia, pues además de traer al mundo los niños, no es más que un florero dentro de un salón. O sea, un condimento ultramachista del tema. Cuando los niños de Infantil dibujen el rey, su familia y la monarquía, pensarán qué bonita familia forman. Al menos de cara al exterior. Ya en Primaria se les podría plantear ¿y si los reyes hubieran tenido un hijo varón, qué habría pasado? Es probable que en esta etapa ya piensen cómo Felipe VI llegó a rey, teniendo hermanas mayores. Es varón y el varón en monarquía está por encima de la mujer. Uff, vaya patada a la igualdad de género. Pero, que nadie se preocupe, al rey se le permite todo.
Será difícil el debate sobre el sueldo del rey y del presidente de gobierno. Pedro Sánchez, sobre 84000 euros, mientras que el rey Felipe VI se echará en el bolsillo 242000 euros. Creo que por muy monárquico ortodoxo que sea el alumno de final de Secundaria y de universidad, va a ser complicado justificar tal diferencia.
Seguro que los universitarios, tratarán la figura del rey emérito y lo publicado en prensa en los últimos 20 años, sus devaneos amorosos continuos, su afán por despilfarrar el dinero y la gran fortuna que tiene, tremendamente exagerada en relación con lo que ha cobrado hasta ahora del estado. Claro, que habrá que analizar la opinión de políticos, tan respetados como Felipe González, que ponen el acento en la presunción de inocencia y en su gran apoyo a la democracia, para minimizar lo que es incuestionable: las grabaciones de su amante Corina y las cuentas en Suiza y en otros paraísos fiscales reales, no reales de rey, sino reales de sinvergüenza y corrupto. A cualquier ciudadano de a pie si se compra un chalet de varios millones de euros, un coche de alta gama y lleva una vida de despilfarro, Hacienda lo llama y lo investiga. Pero al rey emérito, no, es inviolable.
Se me ocurre para terminar un debate virtual sobre la entrevista que mi admirado Julio Anguita concedió a la Sexta, en la que dice frases tan rotundas y llenas de contenido como estas: “Es un pícaro que podía cantar y le han buscado la salida de hacerle inviolable”, “la inviolabilidad del rey es un artículo nefasto porque se dice que todos somos iguales ante la ley y él no”, “el que sea rey emérito se lo han sacado de la manga”. Mis alumnos del grado de Educador Social, a los que tanto les gusta debatir, tendrán aquí para rato. Cuando salgan a colación los presuntos negocios ilícitos de Juan Carlos y la fortuna amasada durante todo su reinado, puede que ardan los tertulianos más guerrilleros. Lo que más pena me da de esta historia, por poner algo de humanidad y dignidad, es la reina consorte, Sofía.
Después de tantas reflexiones, actividades y debates, sigo sin saber bien para qué sirve un rey. Igual mis alumnos me lo pueden explicar.

Por qué nadie cuenta con nosotros o la invisibilidad de los educadores

¿Somos los maestros, pedagogos y psicopedagogos expertos en educación? Parece que no, a juzgar por el nulo caso que nos hacen los medios de comunicación. No he podido ver ni leer ninguna noticia en la que el avispado reportero investigador pregunte a algún maestro, pedagogo o psicopedagogo sobre el confinamiento de los niños y sus necesidades, sobre cómo afrontar el día a día. Tal vez, podría haber encontrado en nuestras respuestas muchas alternativas educativas para pasar el tiempo, como la colaboración en las tareas domésticas y aprender a la vez, la resolución de sencillos problemas vinculados con el hogar, la realización de proyectos simulados en tiempos de confinamiento realizados por niños y padres, el apoyo en los momentos de tensión o nervios al no poder salir a la calle, etc. La lista sería interminable.

Desayunando leo los titulares de los periódicos del día en el móvil. Hay una noticia en la Vanguardia que llama mi atención “Los niños saldrán a la calle con las mismas restricciones que los adultos”. Empieza así:

Muchas vueltas se han dado a la necesidad de que los niños salgan a la calle después de semanas sin haber pisado la acera. Psicólogos, pediatras, epidemiólogos y expertos en la infancia han dado su opinión al respecto, sin que hubiera una respuesta unitaria sobre las necesidades de los pequeños y la afectación del encierro en su salud, aunque la mayoría pedía un poco de aire fresco y libertad, especialmente para los menores de 6 años. El Gobierno anunció el sábado que finalmente iba a permitir que los niños de hasta 12 años pudieran salir a la calle –“un rato al día”, dijo el presidente– en determinadas condiciones y así se lo transmitió Pedro Sánchez en la reunión con los presidentes autonómicos este domingo”.

https://www.lavanguardia.com/vida/20200421/48651971173/desconfinamiento-ninos-salir-calle-medidas-restricciones-edades.html

Me pregunto ¿por qué no cuentan con nosotros? ¿algunas vez nuestro colectivo será importante en la sociedad española? Si los maestros pasan 5 horas diarias con los niños de 3 a 12 años y son los que mejor los conocen ¿por qué no les consultan?  ¿por qué no se tienen en cuenta? ¿por qué no se considera lo que piensan o lo que pueden aportar?

Si los pedagogos y psicopedagogos somos los expertos en la educación de los niños, si somos los principales especialistas en planificar, ejecutar y evaluar programas educativos, de diseñar materiales didácticos o de formar a los maestros. Si como recogen algunas definiciones de pedagogía provenientes de varias asociaciones, a los pedagogos se debe el uso de instrumentos cognitivos, metodológicos y de intervención para la prevención, diagnóstico, valoración y tratamiento de las dificultades del niño en los procesos de aprendizaje. El pedagogo se dedica a la planificación, gestión y evaluación de intervenciones. tanto en el ámbito educativo como en el familiar. Es el que tiene funciones de asesoramiento técnico y científico en el terreno educativo. Podríamos ofrecer diferentes opciones en la educación a distancia. Entonces ¿por qué, siendo así, nadie nos pide opinión? ¿Piensan que nuestro pensamiento no es valioso?

No voy a entrar en la cualificación profesional de psicólogos o pediatras y su preparación para responder a si los niños deben o no deben salir a la calle, en qué condiciones o bajo qué peculiaridades. La tengo, pero no voy a darla para evitar problemas. Lo que sí tengo muy claro es que ya está bien de que nos menosprecien los medios de comunicación, los políticos y, en general, una parte de la sociedad. Precisamente es esta la que se construye con el apoyo de maestros, pedagogos y psicopedagogos. Son las sociedades avanzadas las que hace tiempo se dieron cuenta de que los logros de todo tipo, el progreso en general, llega cuando a los profesionales que se dedican a la educación se les considera adecuadamente. Sirvan los ejemplos de Singapur, Finlandia o Países Bajos. Entonces ¿por qué nadie cuenta con nosotros? Basta ya.

Otro escritor experto en educación

Hace ya unos años, Pérez Reverte escribió un artículo en el País Semanal (2008) denominado “Subvenciones, maestros y psicopedagilipollas”, que utilicé ampliamente en mis clases para mostrar cómo un escritor de renombre se puede permitir el lujo de hablar de lo que no sabe, insultando y menospreciando, sencillamente porque es quien es. Léase la entrada en este mismo blog “De educación sabe todo el mundo” (http://blogs.ujaen.es/apantoja/?p=22). Alguien podrá decir que la libertad de expresión está por encima de todo, pero también es verdad que no cala igual la opinión de un ciudadano anónimo que la de un escritor conocido. La primera puede pasar desapercibida, mientras que la segunda es posible que siente cátedra y adquiriera rasgo de verosimilitud.

Pues bien, otro escritor y articulista, Juan Manuel de Prada, que también cuenta como Reverte, de una columna donde dar palos por doquier, se ha permitido el lujo de escribir un artículo en el suplemento XLSemanal titulado “Maestros sin autoridad” en el que arremete contra los pedagogos, llegando incluso al insulto sin sentido y sin fundamento. Como maestro y pedagogo que soy, muestro mi repulsa por palabras como estas:

Nuestros modernos pedabobos (perdón, pedagogos) han impuesto la figura del maestro sin autoridad; para lo cual tuvieron primero que desprestigiar y connotar peyorativamente el concepto de ‘autoridad’. Nuestra época ha logrado modelar las conciencias imponiendo que refutan la realidad; y uno de esos espejismos –quizá el más eficaz– consiste en negar el significado originario de las palabras, sustituyéndolo por un conglomerado de hojarascas ideológicas. Así, por ejemplo, de una persona investida de autoridad no decimos que sea una persona ‘autorizada’, sino ‘autoritaria’, que es tanto como decir que es impositiva, despótica, incluso arbitraria en el ejercicio de su autoridad. Cualquiera que trate hoy de reivindicar la genuina ‘autoridad’ del maestro se convierte automáticamente en sospechoso de profesar nostalgias fascistoides.

Ahora resulta -y nosotros sin saberlo- que los pedagogos somos los que hemos desprestigiado el concepto de autoridad y, parece ser, que lo hemos pervertido en el mejor de los casos, sustituyéndolo por “hojarascas ideológicas”. Claro está que los pedagogos tenemos una ideología, incluso una ideología política, según este señor. Y el texto sigue en un deambular por la más pura demagogia, dejando entrever que no sabemos qué es autoridad o, lo que es aún peor, que la confundimos con otros sinónimos. Sin entrar en más detalles sobre el artículo, del que dejo más abajo el enlace para que el que quiera pueda leerlo, tengo que hacer diversas puntualizaciones, en aras de la verdad y la justicia:

  1. Por si no lo sabe, la pedagogía es una de las ciencias más antiguas que existen y tiene por objeto de estudio la formación de la persona a través de la educación, considerada como un proceso organizado, planificado y evaluado. Está formada por diversas ciencias que la desarrollan, como son la didáctica o la teoría de la educación, entre otras.
  2. Cabe deducir de esta breve conceptualización, que el pedagogo basa sus actuaciones en fundamentos científicos, no en simples suposiciones, especulaciones, ideas u ocurrencias.
  3. Las leyes educativas no las hacen, por desgracia, los pedagogos. En su mayor parte son tecnócratas con más o menos conocimiento de causa, pero bajo concepciones ideológicas del partido de turno.
  4. El concepto de autoridad no es contradictorio con los fundamentos pedagógicos más actuales. Ahora bien, autoridad no como el ordeno y mando, sino autoridad donde cada sujeto tenga una percepción clara del rol que ocupa dentro del proceso de aprendizaje. Sabemos qué es autoridad, señor De Prada.
  5. No sé si usted conoce que el maestro se ocupa del periodo de 3 a 12 años. En esta etapa el maestro es el modelo en el que se fija el alumno y se produce de manera automática el respeto por el mismo. La autoridad es intrínseca, no está como el arma que tuvieron nuestros antepasados (aquellos maestros que usaban la regla para pegarnos en las manos o en el culo), sino que la aprende el niño con el simple ejercicio de la convivencia en el aula y en el centro educativo. A veces, hay que recordarlo a los más traviesos, pero nada más.
  6. Si el señor De Prada entiende por maestros a todos los docentes que se ocupan de la enseñanza no universitaria, en especial a la educación secundaria, sí que los problemas de convivencia pueden estar presentes. Algo menos en el bachillerato.

Dice en un párrafo: No existe educación posible sin experiencia de autoridad: el maestro despierta en el discípulo un estímulo que lo ayuda a crecer, provoca en él una conciencia de sus limitaciones y lo acicatea en la búsqueda del conocimiento. Es decir, debe de haber autoridad para que el alumno reciba el estímulo de crecer, conocerse mejor así mismo y desear aprender. Qué disparate.

E insiste: Los maestros han sido despojados de su autoridad, que es tanto como si hubiesen sido despojados de su misión. Aquí es cuando me pierdo definitivamente ¿realmente estaba bien el señor De Prada cuando escribió el artículo? ¿Lo releyó varias veces para encontrarle sentido? ¿Indagó mínimamente en la realidad que se vive en las escuelas y en las características de la educación de hoy en día? ¿Sabe que estamos en el siglo XXI y los niños no son los mismos que había en las escuelas en el siglo XX? ¿Sabe realmente lo que está diciendo?

Como el artículo no tiene desperdicio en cuanto a juicios de valor propios de quien no sabe qué está diciendo, interpreta de unas palabras de la UNESCO que el maestro va a pasar a ser irrelevante. Pero ¡qué dice usted! ¿Cómo puedes hacer esa interpretación? ¿Cómo se puede afirmar que el maestro pasa a ser prescindible?

Sé que estamos ante un artículo de opinión y, por tanto, no hay una investigación detrás del mismo, pero no se pueden escribir frases como las anteriores y quedarse tan ancho. O esta que pone al final: Sólo quien ha sido enriquecido por una experiencia de autoridad puede alcanzar una madurez que le permita afrontar y juzgar la realidad de forma crítica. O sea, que si no hay una experiencia de autoridad, como él la llama, no se puede tener una conciencia crítica, por ejemplo. Cuando en un debate en clase con los niños se trata de aspectos ecológicos y el maestro modera dando el turno de palabra, participando como uno más, y se generan cientos de propuestas, ideas singulares y colectivas, que se plasman en una propuesta colaborativa ¿para qué hace falta la autoridad? Mejor dicho ¿qué autoridad hace falta aquí?

En fin, el artículo es un sinsentido total, que queda rematado con una mención de pasada a una de las claves de todo lo que parece ser -sólo es una hipótesis- que quería decir el autor sobre la autoridad: la familia. Sepa, señor De Prada, que las claves del posible deterioro de la autoridad del maestro vienen propiciadas por los cambios que se están produciendo en la sociedad y en las familias en los últimos años. Son estas últimas las que tienen en sus manos que las personas adultas -no sólo los maestros- sean consideradas por sus hijos con respeto, que sean responsables de lo que hacen, que cuiden el entorno, que acepten lo que de forma razonada les dicen los mayores, que obedezcan, etc. Este es el dardo al que debía ir dirigido el artículo. Le sugiero un nuevo título: Padres sin autoridad.

Si usted tiene razón en lo que dice, yo como maestro he sido un desastre, he perdido el tiempo con mis alumnos y además, parece ser, que los he hecho unos desgraciados. Resulta que mi pedagogía ha sido siempre resolver problemas de forma colaborativa. El trabajo en grupo ha propiciado debates, reflexiones críticas, intercambios de ideas, etc. Como docente, además de presentar los contenidos, moderaba, supervisaba, aconsejaba, guiaba, daba pautas, etc., y apoyaba que todos se sintieran parte de lo que estaban haciendo. Mis alumnos han sufrido la tragedia de no haber podido vivir conmigo una “experiencia de autoridad”. Así que llevarán en su formación esta terrible lacra mientras vivan. Eso sí, mis alumnos de Infantil y de Primaria fueron felices, se lo aseguro, aprendieron a convivir, a resolver problemas y tomar decisiones para ser buenos ciudadanos y contribuir a un mundo mejor.

Termino con una pregunta:  ¿qué es un maestro con la autoridad que usted demanda, señor De Prada? Un docente que cuando habla hace temblar a todo el mundo en el aula o el que dice lo que hay que hacer sin provocar reflexión u opiniones en contra porque si no “hay que atenerse a las consecuencias”. Si es así, yo no quiero maestros de este tipo en la educación de mis nietos, porque por suerte mis hijos tuvieron maestros que se ganaron la autoridad con cariño, comprensión, empatía y respeto.

 

Artículo completo de Juan Manuel de Prada en:

“https://www.xlsemanal.com/firmas/20190930/maestros-sin-autoridad-juan-manuel-prada.html

Cómo escribir las abreviaturas de los títulos académicos y profesionales

La Fundación del Español Urgente —Fundéu — , cuenta con la ayuda de un Consejo Asesor formado por destacadas personalidades del mundo de la lengua, el periodismo y otros ámbitos, que se reúne quincenalmente para analizar los asuntos lingüísticos de mayor complejidad. Tiene como presidencia de honor al director de la Real Academia Española. Publica a diario diversas recomendaciones sobre la lengua española. Os la recomiendo como página para hacer consultas de las diferentes dudas que se nos presentan habitualmente: https://www.fundeu.es/

Dedica una de sus últimas publicaciones a las abreviaturas de los títulos académicos y profesionales:

Escuela segregada por sexos en el siglo XXI

Mis recuerdos en la escuela me llevan a un aula repleta de niños, a un recreo repleto de niños y a una calle donde compartíamos la vida los niños por un lado y las niñas por otro. Las niñas en los Grupos Escolares de Lopera estaban en el otro recreo y no las podíamos ver. Los niños teníamos maestros y las niñas tenían maestras. Había pandillas de niños y pandillas de niñas. En mi infancia y hasta bien entrada la adolescencia el grupo lo constituíamos sólo varones. Fue en el instituto cuando ya se amplió el círculo a las niñas. Hasta hace muy poco pensaba que esto era lo que tocaba en esta época en la que todavía tardaría en llegar la democracia. La iglesia más extrema marcaba las pautas del país, incluso los curas iba a pasar revista como si de inspectores se tratara. Ya decía Pío XI en su Encíclica Papal de 1930 que “la escuela mixta promueve la promiscuidad y la igualdad”. Esta idea, absurda en su primera parte, pero muy atinada en la segunda, está bien para los católicos ortodoxos, tipo Opus Dei et al, pero en la España democrática y aconfesional en la que vivimos ¿Qué sentido tiene defender estas ideas con dinero público?

Recientes sentencias de los tribunales me llevan a reflexionar sobre el tema. En primer lugar, sobre la escuela segregrada por sexo. Tengo experiencia en esta cuestión, pues la sufrí de pequeño y después estuve unos años de maestro en un colegio privado en el que segregaban. Por este motivo y por mi concepción de sociedad plural, nada que objetar, que cada padre y madre eduque a sus hijos como quiera. Mis recuerdos del colegio privado son buenos, aunque no tuve la oportunidad de llevar a cabo tareas con niños y niñas, además las aulas eran muy artificiales, con niños buenos o muy buenos, ningún inmigrante, ni con nee. En fin, un paraíso para desarrollar una pedagogía tranquila y sin sobresaltos. Estoy hablando de 4 años después de aprobar la constitución, o sea, que todavía la tradición democrática no estaba afianzada en las escuelas.

En 2018, muchos años después, me pregunto cómo se harán los debates en estas escuelas, hoy en día que hablamos de trabajar por proyectos, de forma colaborativa, compartiendo, debatiendo. De qué forma se desarrollará el pensamiento crítico en unas aulas donde no existe una representación de la sociedad. ¿Se puede anteponer la supuesta mejora del rendimiento académica a los valores democráticos y la igualdad? Existe quienes esgrimen que han escogido este modelo de organización pedagógica teniendo en cuenta distintas teorías científicas, como el dimorfismo sexual cerebral, es decir, la existencia de una diferente estructura y funcionamiento de los cerebros masculino y femenino. Vale, ya lo entiendo. Igualmente, es mejor tener a los alumnos con necesidades educativas especiales separados, así aprenden más entre ellos. Y también sería interesante poner juntos a los inmigrantes, pues sus ritmos son diferentes y al tener un mismo origen social avanzan más y no entorpecen. Por supuesto, los repetidores no deben estar con los demás, son una carga que puede provocar que baje el nivel de la clase. ¿Sigo?

Mi segunda reflexión es en relación con que este tipo de escuelas anacrónicas y deformadas en los valores democráticos tengan subvención pública. No quito la razón a nadie, todos somos libres de opinar, pero estamos hablando de escuela pública, de dinero público. Aquí sí tenemos que sopesar muy bien lo que entendemos por escuela pública, digna de ofrecer una educación en valores democráticos a todos y a todas, sin excepción. Nos topamos de lleno con la tradicional discusión entre centros públicos y centros privados concertados. La norma educativa vale para ambos, pues es con dinero del estado como se sustentan. Pero hete aquí el quid de la cuestión, no debería de haber distinción entre ambos. Y la hay. De entrada en los públicos trabajan funcionarios que pasaron por unas duras oposiciones, en los privados no. En los públicos la norma es la constitución y su desarrollo, en la mayoría de los privados es la congregación religiosa de turno la que impone sus reglas. Seguiría, pero no es el caso. Lo cierto es que con dinero público, según los tribunales, se pueden poner las niñas separadas de los niños. Nunca creí que pudiera verlo tantos años después de pasar por ello.

Como ciudadano y pedagogo poco puedo hacer, tan sólo defender mis ideas. Espero que nuevos políticos con ideas menos conservadoras lo consigan. Los votaré. No quiero que mis nietos crezcan en unas clases que no reflejen la vida, que no sean una prolongación de la sociedad en la que vivirán, unas clases donde no exista una convivencia propia de ese mundo al que pertenecerán, con inmigrantes, compañeros de diferentes religiones o ateos, alumnos con necesidades educativas especiales,… No quiero que pasen, decenas de años después, por lo que ya sufrí yo en mi infancia, porque sería una infancia escolar a la que le abrían amputado uno de sus miembros principales, la naturalidad de tener amigos y amigas en el entorno en el que aprenden, en la escuela en la que se formarán como personas.

Puesta en valor de la orientación educativa

Con el apoyo de Ana Cobos, pedagoga, orientadora educativa y presidenta de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, y José Antonio Luengo, psicólogo Educativo y secretario de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos, se ha puesto en marcha esta iniciativa pionera en nuestro país de defensa de la orientación educativa. La formación de ambos muestra a la perfección el carácter interdisciplinar que en la práctica tiene esta bonita profesión, marcada como ninguna otra por la vocación. Que un ente de difusión se fije en ella, muestra un camino que deberían seguir otros -me refiero de manera expresa a Televisión Española – para concienciar a la sociedad y a las administraciones educativas de la importancia que tiene la orientación y, a la vez, del precario estado en el que se encuentra desde hace años.

 

Procastinación: un mal de nuestro tiempo

 Para aquellos que no lo sepan o no hayan escuchado el término, les diré que les va a sonar mucho lo que significa, porque es un derivado de la sociedad ajetreada en la que vivimos y fruto, como no podía ser de otra forma, de las múltiples tareas que debemos o que queremos desarrollar en el día a día. Pondré un ejemplo antes de la definición del concepto: Estamos trabajando en un texto, buscamos información en internet, revisamos el correo por simple inercia, empezamos a contestarlo, saltamos a algo que que nos resulta más interesante y al cabo de unas horas recordamos ¿acaso no estaba trabajando en un texto? Esto es procastinación, un mal de nuestro tiempo, que nos lleva a posponer tareas y a perder el tiempo de una manera increíble. Es una forma de aplazar los asuntos pendientes, dejarlos para otro momento o, sencillamente, relegarlos a un plano secundario. Antes era algo que ocurría con alguna frecuencia, ahora ha pasado a ser habitual, pues tenemos móviles con llamadas ilimitadas, wasap y acceso permanente a internet que nos llevan a una vida basada en tareas intrascendentes y poco exigentes.
Y no hablamos ya de edades, la procastinación ocurre desde muy pronto. Cuando era maestro siempre tenía a niños que estaban en la inopia, cazando moscas o con musarañas en la cabeza, era algo innato en ellos, pues encacajaba dentro de lo que se consideran personas distraídas. Pero ahora esos niños tienen muchos más motivos para no concentrarse, para perder eficacia, lo cual repercutirá en su autoestima. Existen investigaciones que han estudiado el tema y han llegado a la conclusión de que esta tipología de personas piensa que el día de mañana será mejor que el de hoy para ejecutar una tarea o realizar lo ya planificado.
¿En qué somos más procastinadores? Se puede decir que en casi todo. Hay quien sabe que tiene que ordenar su despacho, pero nunca encuentra el momento indicado; quien debe planchar o doblar ropa, pero eso puede esperar; quien tiene que cortarse el pelo y nunca encuentra el día; etc. Pero lo peor viene en el mundo de la salud, como dejar de fumar, salir a andar o a correr o empezar un régimen de adelgazamiento.
A  la larga, la procastinación supone la falta de concentración y esto repercute directamente en el trabajo que se esté desarrollando en cada momento, siendo una lacra para el mundo del empleo. Por este motivo, es una más de las posibles tareas que podemos empezar a trabajar en la escuela. En este caso, necesitamos de la colaboración familiar, por lo que unos sencillos programas basados en la acción tutorial nos serán de gran ayuda. Veamos algunas ideas:
1. Diversos autores proponen aplicar la regla de los dos minutos. Se trata de que si algo se puede hacer en poco tiempo, aunque no sea urgente, mejor hacerlo. A veces, realizar algo en el momento es más rápido que planificarlo para otro día. En clase, el maestro puede dar un listado de tareas a realizar durante la mañana. Están desordenadas y los alumnos las van planificando según su criterio. En un momento, todos juntos repasan cómo las han dispuesto temporalmente y el maestro les dice ¿cúal podemos hacer de inmediato? Pues a por ella.
2. No distraerse. Esto nos puede causar risa, pues está claro que si estamos atentos vamos a producir más y mejor, pero ¿cómo hacerlo? Daré una receta muy sencilla: no hacer varias cosas a la vez. Y en la escuela, este camino lo vamos a recorrer al contrario. Vamos a realizar en grupo un proyecto, en la primera fase se deben ejecutar tres tareas a la vez, en la segunda dos tareas y en la tercera, una única tarea. Puesta en común: qué pensáis de todo esto. Una variante puede ser un mismo proyecto para todo el grupo, pero habrá quien tenga que ejecutar varias acciones a la vez, mientras que otros sólo irán al grano, es decir, realizando una sóla tarea. Al final, sacamos conclusiones.
3. Poner tiempo a las tareas y un símbolo que indique que no se pueden aplazar. Esto lo vamos a desarrollar en las casas con la colaboración de las familias. Que cada padre o madre piense en listados de cosas que tiene pendientes su hijo, que las anote en una hoja con fechas de terminación y que se comprometa a realizarlas. El padre y la madre estarán atentos para ver el cumplimiento del compromiso personal. Da muy buen resultado si en la lista también se incluyen tareas de los padres.
4. Acabar lo que se empieza. Este es un proceso complicado porque tiene la influencia de la capacidad de perfeccionamiento de cada uno. La actividad va a consistir en buscar un equilibrio, para ello el maestro enviará varias actividades para realizar en casa a lo largo de la semana, dará un tiempo diario más bien justo, y al final de la semana cada cual presentará qué ha hecho. Entre todos se analizan los trabajos y las consecuencias de aprovechar el tiempo.
Como decía el pastor bautista escocés George Claude Lorimer  “Aplazar una cosa fácil hace que sea difícil. Aplazar una cosa difícil la hace imposible.” ¿Seremos capaces de sacar a los niños de la inopia y convertirlos en personas activas y eficaces? ¿Somos capaces de serlo nosotros mismos?