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Reflexiones sobre Universidad y Escuela

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  • Escuela segregada por sexos en el siglo XXI

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    Enviado el abril 14th, 2018AdministradorEducación, Escuela, General

    Mis recuerdos en la escuela me llevan a un aula repleta de niños, a un recreo repleto de niños y a una calle donde compartíamos la vida los niños por un lado y las niñas por otro. Las niñas en los Grupos Escolares de Lopera estaban en el otro recreo y no las podíamos ver. Los niños teníamos maestros y las niñas tenían maestras. Había pandillas de niños y pandillas de niñas. En mi infancia y hasta bien entrada la adolescencia el grupo lo constituíamos sólo varones. Fue en el instituto cuando ya se amplió el círculo a las niñas. Hasta hace muy poco pensaba que esto era lo que tocaba en esta época en la que todavía tardaría en llegar la democracia. La iglesia más extrema marcaba las pautas del país, incluso los curas iba a pasar revista como si de inspectores se tratara. Ya decía Pío XI en su Encíclica Papal de 1930 que “la escuela mixta promueve la promiscuidad y la igualdad”. Esta idea, absurda en su primera parte, pero muy atinada en la segunda, está bien para los católicos ortodoxos, tipo Opus Dei et al, pero en la España democrática y aconfesional en la que vivimos ¿Qué sentido tiene defender estas ideas con dinero público?

    Recientes sentencias de los tribunales me llevan a reflexionar sobre el tema. En primer lugar, sobre la escuela segregrada por sexo. Tengo experiencia en esta cuestión, pues la sufrí de pequeño y después estuve unos años de maestro en un colegio privado en el que segregaban. Por este motivo y por mi concepción de sociedad plural, nada que objetar, que cada padre y madre eduque a sus hijos como quiera. Mis recuerdos del colegio privado son buenos, aunque no tuve la oportunidad de llevar a cabo tareas con niños y niñas, además las aulas eran muy artificiales, con niños buenos o muy buenos, ningún inmigrante, ni con nee. En fin, un paraíso para desarrollar una pedagogía tranquila y sin sobresaltos. Estoy hablando de 4 años después de aprobar la constitución, o sea, que todavía la tradición democrática no estaba afianzada en las escuelas.

    En 2018, muchos años después, me pregunto cómo se harán los debates en estas escuelas, hoy en día que hablamos de trabajar por proyectos, de forma colaborativa, compartiendo, debatiendo. De qué forma se desarrollará el pensamiento crítico en unas aulas donde no existe una representación de la sociedad. ¿Se puede anteponer la supuesta mejora del rendimiento académica a los valores democráticos y la igualdad? Existe quienes esgrimen que han escogido este modelo de organización pedagógica teniendo en cuenta distintas teorías científicas, como el dimorfismo sexual cerebral, es decir, la existencia de una diferente estructura y funcionamiento de los cerebros masculino y femenino. Vale, ya lo entiendo. Igualmente, es mejor tener a los alumnos con necesidades educativas especiales separados, así aprenden más entre ellos. Y también sería interesante poner juntos a los inmigrantes, pues sus ritmos son diferentes y al tener un mismo origen social avanzan más y no entorpecen. Por supuesto, los repetidores no deben estar con los demás, son una carga que puede provocar que baje el nivel de la clase. ¿Sigo?

    Mi segunda reflexión es en relación con que este tipo de escuelas anacrónicas y deformadas en los valores democráticos tengan subvención pública. No quito la razón a nadie, todos somos libres de opinar, pero estamos hablando de escuela pública, de dinero público. Aquí sí tenemos que sopesar muy bien lo que entendemos por escuela pública, digna de ofrecer una educación en valores democráticos a todos y a todas, sin excepción. Nos topamos de lleno con la tradicional discusión entre centros públicos y centros privados concertados. La norma educativa vale para ambos, pues es con dinero del estado como se sustentan. Pero hete aquí el quid de la cuestión, no debería de haber distinción entre ambos. Y la hay. De entrada en los públicos trabajan funcionarios que pasaron por unas duras oposiciones, en los privados no. En los públicos la norma es la constitución y su desarrollo, en la mayoría de los privados es la congregación religiosa de turno la que impone sus reglas. Seguiría, pero no es el caso. Lo cierto es que con dinero público, según los tribunales, se pueden poner las niñas separadas de los niños. Nunca creí que pudiera verlo tantos años después de pasar por ello.

    Como ciudadano y pedagogo poco puedo hacer, tan sólo defender mis ideas. Espero que nuevos políticos con ideas menos conservadoras lo consigan. Los votaré. No quiero que mis nietos crezcan en unas clases que no reflejen la vida, que no sean una prolongación de la sociedad en la que vivirán, unas clases donde no exista una convivencia propia de ese mundo al que pertenecerán, con inmigrantes, compañeros de diferentes religiones o ateos, alumnos con necesidades educativas especiales,… No quiero que pasen, decenas de años después, por lo que ya sufrí yo en mi infancia, porque sería una infancia escolar a la que le abrían amputado uno de sus miembros principales, la naturalidad de tener amigos y amigas en el entorno en el que aprenden, en la escuela en la que se formarán como personas.