Ciencia en la poesía, poesía en la ciencia: taller de poesía de tema científico

© Imagen: Lola Alcalá. © Haiku: FJ Esteban.

Elena Felíu ArquiolaUniversidad de Jaén y Francisco José Esteban RuizUniversidad de Jaén

El proyecto Explora IES, en la Universidad de Jaén, afronta el diseño e impulso de acciones para alumnado de niveles educativos no universitarios. El objetivo es proporcionar oportunidades y crear ambientes enriquecedores para el alumnado que participe.

Este proyecto se concreta en la oferta de pequeños proyectos de investigación adaptados a alumnado de 4º de ESO y de 1º de Bachillerato, relacionados con las líneas de investigación que esté desarrollando el profesorado de la UJA.

En esta edición del curso académico 2021/2022, hemos llevado a cabo la actividad Ciencia en la poesía, poesía en la ciencia: taller de poesía de tema científico, en la que han participado 10 estudiantes, de la asignatura Biología, de cuarto curso de la ESO del IES Sierra de la Grana (Jamilena),

De un modo similar a la actividad Ciencia y poesía: taller de haikus, que llevamos a cabo en la Semana de la Ciencia 2021, el objetivo ha sido mostrar que ciencia y poesía, lejos de ser ámbitos alejados entre sí, como la organización de las asignaturas de nuestro sistema educativo podría sugerir, constituyen dos maneras complementarias de conocer la realidad que se interrelacionan y se alimentan mutuamente. Ambas buscan el descubrimiento y ambas requieren intuición y creatividad, pero también trabajo y constancia.

Como muestra de esta interconexión, y como en el anterior taller, se han presentado al alumnado ejemplos de científicas y científicos que escriben poesía, así como de poetas con formación científica. También se ha mostrado cómo la metáfora está presente con frecuencia en el lenguaje científico.

Además, con la lectura de una selección de textos poéticos se ha constatado que la ciencia constituye el tema de numerosos poemas tanto a lo largo de la tradición literaria como en la literatura contemporánea.

El taller, como aplicación práctica, ha consistido en la creación de haikus de tema científico. El haiku es un tipo de composición poética de tres versos, formada por diecisiete sílabas, que se caracteriza por captar el instante, por su sencillez expresiva y por su capacidad de generar emoción.

La inquietud y el buen quehacer de estas jóvenes promesas poetas han dado lugar al resultado que mostramos a continuación. Chapó.

Haikus

Asíntota en el olvido

Como una asíntota
mis abrazos y besos 
a ti te buscan.

Alba Alcántara Vela
La Pasión
                
Vida sin ella,
como la madrugá:
sola y vacía.

Jaime Checa Beltrán
Incomprensión    
           
Nuestro amor es
unión, separación, 
como mitosis. 

Marta Cruz
Deseo

Pide la luna 
que no falte de nada 
para quererte. 

Jesús Gámez Checa
La belleza del ser

Tan complicado, 
como el cuerpo de
cualquier ser vivo.

Hugo Martínez Cazalla
Soledad

Al infinito                                                                          
sin llegar a tocarse, 
dos paralelas. 

Humanos

Somos mortales:
no conviene olvidarlo
ni recordarlo. 

Jose Martos 
Genes de primavera

Como los genes,
cada primavera es
muy diferente.

Antonio J. Moral Mérida
Diagnóstico

No hay PCR
que pueda detectar 
tu gran belleza

Andrés Peinado Martínez
Complejidad

la ciencia es bella 
tengo que estudiar mucho 
aprobaré

Jose Peragón
Irracional

El poderío
que tiene la razón
nadie lo ve.

Anarquía

Mejor escúchame:
esa liberación
es el infierno.

Aprendizaje

Yo ya lo sé:
el amor es efímero;
no los escuches.
		
Ciclo de vida

Son estas células
las que me hacen mágico.
Y se renuevan.

Antonio Jesús Jiménez (Serafín)
Lo infinito

Número pi,
misterio sin final,
sin acabar.

Alba Alcántara Vela y Antonio Jesús Moral Mérida 
Escudos corporales

Glóbulos blancos, 
protectores vitales:
¡grandes soldados!

Jaime Checa Beltrán y Jesús Gámez Checa
Necesidad

Al respirar
a ti te necesito, 
mi fotosíntesis.

Marta Cruz y Jose Peragón 
Marítimo

Sin ti me siento
igual que un pescador
ante un mar muerto.

Hugo Martínez Cazalla y Andrés Peinado Martínez 
Adicción

Eres mi droga, 
el amor de mi vida
y me das mono.

Jose Martos y Serafín 

Ciencia y poesía: taller de haikus

© Imagen y haiku (FJ Esteban); diseño: Curro Gutiérrez (Scriptorium Yayyan).

Elena Felíu ArquiolaUniversidad de Jaén y Francisco José Esteban RuizUniversidad de Jaén

El pasado 5 de noviembre llevamos a cabo, en la Semana de la Ciencia 2021, la actividad Ciencia y poesía: taller de haikus, ofertada a estudiantes de los dos últimos cursos de ESO y de Bachillerato de cualquier modalidad (Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales, Artes).

El objetivo era mostrar que ciencia y poesía, lejos de ser ámbitos alejados entre sí, como la organización de las asignaturas de nuestro sistema educativo podría sugerir, constituyen dos maneras complementarias de conocer la realidad que se interrelacionan y se alimentan mutuamente. Ambas buscan el descubrimiento y ambas requieren intuición y creatividad, pero también trabajo y constancia.

Como muestra de esta interconexión, se presentaron al alumnado ejemplos de científicas y científicos que escriben poesía, así como de poetas con formación científica. También se mostró cómo la metáfora está presente con frecuencia en el lenguaje científico.

Además, con la lectura de una selección de textos poéticos se constató que la ciencia constituye el tema de numerosos poemas tanto a lo largo de la tradición literaria como en la literatura contemporánea.

El taller, como aplicación práctica, consistió en la creación de haikus de tema científico. El haiku es un tipo de composición poética de tres versos, formada por diecisiete sílabas, que se caracteriza por captar el instante, por su sencillez expresiva y por su capacidad de generar emoción.

En este primer taller nos acompañaron dos grupos de estudiantes de tercer curso de la ESO del IES Hermanos Medina Rivilla de Bailén (Jaén).

Con el permiso de los jóvenes poetas, y de sus profes, mostramos a continuación el resultado del taller.

Esperamos que os guste. Quienes estuvimos, lo pasamos genial.

Haikus

En primavera
las flores nos sonríen,
inverno llora.

Aarón Mora Martínez
el infinito
no es lo mismo en sociales
que en matemáticas

son las neuronas
la mente de la vida
y el pensamiento

llega el otoño
con las hojas marrones
y clima frío

Álvaro Molina García
está el destino
escrito en los versos
que te dedico

mi cerebro es
el rincón más secreto
que mi alma guarda

Ana Recena Berja
Las matemáticas,
sumando y restando,
como la vida.

Ana Vilar Torres
El mal tiempo

Lluvia de abril
Tristes fríos de invierno
Días de julio

Ángel González Flores
Flores cantando,
viento que sopla en cuanto
maúllan rocas.

Anónimo
Las matemáticas
son la suma y la resta
y la ecuación.

Nuestras neuronas
son lo más importante
del ser humano.

Son esas células
las que nos mueven siempre
bastante rápido.

David Lendínez Tuzón
Las matemáticas,
tan exactas y a la
vez infinitas.

Diego Jesús Rusillo García-Muñoz
por la mañana
las ráfagas de sol
nos iluminan

el infinito
es vacío en el fondo
de su interior

Belén Acuña Borrás
Esa galaxia
es un millón de estrellas
que por ti brillan.

Elena Perales Contreras
Luz y universo
mar calmado y azul
así eres tú

Encarna María García Campos
La vida como
el agua en el verano
tan fresca y bella.

Guillermo Merino Chico
El infinito
es como maravilla
en una célula.

Llega el otoño,
a la calle la lluvia,
caen las hojas.

La muerte llega,
infinito descanso,
dejarlo todo.

Joaquín Merino Mendoza
Las matemáticas
son el laberinto y
un infinito.

José María Díaz Galera
Respira, besa,
me mira.
Yo respiro: ya es un latido.

Fotovoltaico:
tiene que iluminarte
y dar calambre.

No cuentes más,
pi no acaba. Me fui
de nuestra ciencia.

Viajemos lejos
con neurotransmisores
de tu cerebro.

Juan Moya Ortiz
No es olvidar,
sino que es recordar
lo ya pasado.

En primavera
con la naturaleza
el sol se esmera.

Es mi cerebro:
piensa que yo no puedo
porque no quiero.

Juan Antonio Moya García
Con elementos
estamos conformados,
elaborados.

Llega el otoño,
antes de la tormenta
el viento corre.

María Barragán González
en primavera
las flores más bonitas
resurgen pronto

Marta Perales Contreras
En primavera
mis neuronas explotan
al más allá.

En primavera
mi cara danza al sol
cuando amanece.

Miguel Arace Rodríguez
presente en todo
compone cualquier cosa
átomo azul

el infinito
da forma a las galaxias
negras y enteras

galaxia oscura
donde el sol acompaña
y no la luna

célula humana
da los nombres a todo
y también forma

Pablo Fernández Jurado
Todo eso es como
las simples matemáticas,
o sea, raras.

Tantas neuronas
para solo gastarlas
de formas malas.

Pedro Manuel Padilla Gómez
La vida pasa
como un rayo de luz.
Es un cohete.

Rosa Molina Villar
El infinito
es un ocho al revés
en matemáticas.

Salvador Barragán Romero

Lo que la ciencia tiene de poético y viceversa

Shutterstock / OnePencils
Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén y Elena Felíu Arquiola, Universidad de Jaén

 

Las mariposas del alma. Así llamaba Cajal a las neuronas. Y con esta metáfora captamos en clase la atención del alumnado al comienzo del estudio del sistema nervioso.

Sí, la ciencia y la poesía mantienen una bonita amistad, aunque no es frecuente que vayan de la mano en el aula. De hecho, la organización de las asignaturas de nuestro sistema educativo hace que difícilmente exista contacto entre los contenidos de ciencias y los de lengua y literatura.

Sin embargo, como actividades de estudio, ciencia y poesía están bien relacionadas. Ambas buscan el descubrimiento y requieren intuición, creatividad, tesón y constancia. La ciencia desde la objetividad y la poesía desde la subjetividad –con esa maravillosa capacidad de despertar emociones– son dos modos complementarios de conocer la realidad.

Ciencia con rima

En su excelente ensayo Anhelo de unidad, Juan Antonio González Iglesias afirma que “poesía, ciencia y filosofía fueron en origen una sola cosa”. Los filósofos presocráticos, como Parménides y Empédocles, explicaban científicamente el mundo a través del lenguaje poético, mientras que en Roma un autor como Lucrecio dedicó su poema De rerum natura a transmitir la física de Demócrito y la ética de Epicuro.

La simbiosis entre ciencia y literatura se extiende durante la Edad Media y el Renacimiento, para luego decaer a partir del siglo XVIII debido a la especialización del conocimiento.

Entre las manifestaciones que, del siglo XIX al XXI, distintos poetas y científicos han realizado acerca de las sinergias entre ciencia y poesía, existen ejemplos muy conocidos. Es el caso de Roald Hoffmann, poeta y premio Nobel de Química.

Y, en lo que respecta al contexto español actual, destaca Carlos Briones, investigador del CSIC en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), quien combina la actividad científica, la divulgativa y la poética como ganador del prestigioso Premio de Poesía Hiperión con el poemario De donde estás ausente.

En cuanto a poetas con formación científica, junto a los casos conocidos de Jorge Riechmann y de Agustín Fernández Mallo, licenciados en Matemáticas y Físicas respectivamente, queremos mencionar a María Elena Higueruelo, una joven autora jiennense graduada en Matemáticas y galardonada hace unos días con el Premio Nacional de Poesía Joven 2021.

Ciencia en la poesía, poesía en la ciencia

En los textos, la simbiosis creativa entre ciencia y poesía presenta diversas manifestaciones. Así, los avances técnico-científicos han constituido a lo largo de la historia de la literatura el tema de numerosos poemas.

Como ejemplo reciente, destaca el libro Error 404, escrito por otra joven jiennense con varios premios bajo el brazo, Begoña M. Rueda, y vertebrado en torno a la informática, cuyo poema central está escrito en código binario (¿Se atreven a descifrarlo? Los autores de este artículo lo hicimos).

Igualmente, los poetas reinterpretan conceptos procedentes de distintos ámbitos de la ciencia para la expresión de la subjetividad. Así sucede con el concepto matemático de fractal en los poemas “El corazón” de Andrés Newman y “Territorio fractal” de Carlos Briones.

A su vez, en el lenguaje científico se emplea con frecuencia la metáfora, y con diversas funciones. Queremos destacar dos de ellas: la función denominativa, que se manifiesta en la acuñación de términos científicos, y la función descriptiva, que se da especialmente en el terreno de la divulgación.

Ejemplos de ambas se pueden encontrar en un reciente artículo publicado en The Conversation. Términos propios de la vulcanología, con los que por desgracia nos hemos familiarizado en las últimas semanas, como “enjambre sísmico”, “edificio volcánico” o “boca eruptiva”, constituyen claros ejemplos de la función denominativa de la metáfora.

Además, el sintagma “arterias del volcán” se emplea como metáfora descriptiva (“el magma se acumula en forma de reservorios y se transporta a través de conductos, o diques, como si fueran las arterias del volcán”).

En el terreno de la divulgación científica son numerosas las voces y las iniciativas que desde hace años buscan construir puentes entre el territorio científico y el poético, como la sección Poesía y ciencia de la plataforma madrid+d, o el monográfico de la revista Litoral titulado Ciencia y poesía. Vasos comunicantes. Además de la atractiva exposición Ciencia y poesía.

Desde aquí, invitamos a tender puentes también en el aula. No se equivocaba la médica y educadora María Montessori al decir:

“Necesitamos especialmente de la imaginación en las ciencias. No todo es matemáticas y no todo es simple lógica, también se trata de un poco de belleza y poesía”.

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén y Elena Felíu Arquiola, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

El amor y la muerte

[El amor y la muerte. Reproducido con permiso del autor: Dr. José A. Horcajadas]

No hay un término más íntimamente ligado a la vida que el amor. La capacidad de enamorarse reside conceptualmente en el mismo órgano que genera vida, el corazón. El latido más o menos acelerado forma parte de ambas realidades representadas por dos verbos con terminaciones verbales diferentes, amar y vivir.

No es posible amar sin estar vivos y, de la misma manera, es casi imposible vivir sin amor, se puede, es obvio, pero es una vivencia extremadamente light por no decir una especie de coma inducido o una sedación profunda que nos aleja de la insana realidad. El amor nos acerca a la vida como el deporte nos acerca a la salud, como la lectura nos posiciona frente al conocimiento y éste al entendimiento del orden o desorden vital.

La filosofía, esa especie de hermana chiflada de la literatura, hace verdaderos esfuerzos por ordenar el caos o, al menos, por numerar o nombrar las partes del caos, como si esa tarea rellenara las grietas que el paso de los días genera en nuestras sienes hasta abrir simas entre las canas cuando el segundero y el minutero se acercan a su merecido descanso y deciden pararse para siempre en un lugar indeterminado de los 360 grados del recorrido vital. Dentro del mencionado caos prevalece por encima de todos un angustioso y frecuente suceso, el desamor, que hace que el matrimonio amor-vida tenga frente al espejo al binomio desamor-muerte.

El desamor no nos acerca al desahucio vital, nos instala temporalmente en él de forma repentina, casi mágica. El desamor llega con sus maletas cargadas de desesperación, incomprensión y desasosiego y nos traslada a una precaria realidad, a un dolorido espacio oscuro, obsceno, donde las ventanas no dejan pasar la luz del día, las paredes son impermeables a la esperanza y las puertas no llevan a ningún lugar cercano al optimismo.

Ese espacio imaginario es lo más parecido a una nave industrial abandonada, un almacén desprolijo, húmedo, donde la electricidad hace décadas que dejó de excitar las yermas fibras de wolframio que hacían brillar las bombillas o los devastados y desgastados rodamientos de las máquinas prensadoras y donde el polvo reina con un inmaculado manto que recuerda a cualquier paisaje nevado de una postal invernal.

Así debe ser la muerte, silenciosa, sórdida, triste, inhumana, indolente, egoísta, democrática, eso sí, y sobre todo fría, muy fría, como el gélido escalofrío que recorre nuestra médula espinal cuando pensamos en el ser amado que ya decidió no estar a nuestro lado y seguir su vida sin nosotros, robándonos así las ganas de vivir y abarrotando de suspiros los sucesivos días, las siguientes semanas y en ocasiones los posteriores meses que suceden al desastre, y llenando de vaho cada una de nuestras respiraciones sin motivo cierto ni base científica.

Así debe ser la muerte y tengo la seguridad de que con cada desamor nos morimos un poco, como cuando dormimos. Así el desamor nos adelanta lo que nos espera al final de la vida. Nos demuestra que la vida sin la muerte no tiene sentido pero que merece la pena ser sentida con intensidad, con la misma intensidad con la que nuestro corazón, responsable último de todo, se sale del pecho cuando estamos enamorados.

El desamor ralentiza el ritmo cardiaco, la sangre no alcanza a nuestros pies que ya nadie calienta, no llega a nuestras manos que tiemblan de incertidumbre y no riega nuestro cerebro que se debate aturdido ante el futuro incierto que inusitadamente se nos ha presentado. Por eso el desamor se parece a la muerte, no sabemos que nos espera después. Las decenas de teorías que se pueden diseñar sobre la muerte son en número, los posibles escenarios que nos encontramos tras el desamor.

Con la más extravagante y universal certeza, que el desamor se cura, CASI SIEMPRE.

Dr. José A. Horcajadas (Josón)

La vida íntima de la poesía

[La vida íntima de la poesía. Reproducido con permiso del autor: Dr. José A. Horcajadas]

En uno de los maravillosos ensayos de Mark Strand ”Sobre nada y otros escritos” el poeta norteamericano diserta sobre “la vida secreta de la poesía” y la dibuja como un complejo organismo conmovedor con la propiedad de crear confusión y de invadir nuestros recovecos de una oscuridad diferente de la oscuridad a la que normalmente estamos habituados, la del conformismo. O al menos eso es lo que yo he alcanzado a entender.

En este escrito diseca el impacto de la poesía y estudia el mismo diferenciando claramente el efecto dependiendo del ente receptor. Están quienes aman la poesía y los que no; los que la leen y los que no; los que adoran el sentido de las palabras, los que las usan las mismas como vehículo para llegar a algún lado y los que piensan que las palabras y su conjugación son simple y complejamente el final del camino.

Que la poesía expresa cosas que no se puede decir de otra forma me parece relativamente obvio, como las lágrimas que representan un húmedo lenguaje para determinados sentimientos que, como la emoción o la tristeza, no encuentran, muchas veces, en el diccionario, una fuente de inspiración.

Que la poesía dice más de lo que dice, como afirmaba José Hierro, lo llevo sintiendo como un eco atronador en un lugar inexacto entre mi estómago y mi corazón, en las estribaciones del alma, desde pequeño, ni aún joven, cuando determinados personajes como Miguel Hernández, Benedetti o incluso Quino, el paciente padre de Mafalda, entraron en mi vida como una rambla primaveral y me inocularon la incurable y vital necesidad de viajar con las palabras a los barrios menos visitados de la literatura, barrios alejados de las residenciales vecindades del confort y la simplicidad: la poesía.

La poesía no es un arte al que visitar como se hace con la pintura o la escultura, la poesía es un éter envolvente, una atmósfera amable donde respiramos lo que necesitamos de ella, huyendo del hedor cotidiano, una burbuja, grande o pequeña, donde las obligaciones, el mundo o el odio son apenas unos flecos invisibles en proceso de extinción. Soporte vital de los interrogantes diarios, estrella fugaz de los pensamientos mundanos, atardecer o amanecer de la imaginación del ser humano y pista de aterrizaje del sentimiento más profundo.

Cuenta Mark Strand que cuando era joven su madre le recordaba que había elegido un oficio difícil para ganarse la vida, el de las Bellas Artes. Que tendría que luchar en la sombra, que tendría que esperar muchos años hasta alcanzar algún reconocimiento y que aun así, no era seguro que pudiera ganarse la vida con esto ni mantener una familia. Cuando Mark le dice a su madre que lo que más le interesa es la poesía ella le espeta entonces que jamás podrá ganarse la vida. El poeta estadounidense le aclara explicando que los placeres que es capaz de proporcionar la poesía son muy superiores a los del dinero y la estabilidad. Ella no estaba de acuerdo.

Me pregunto qué sería de la poesía si la mayoría de los poetas hubieran hecho caso a sus padres y madres y hubieran abandonado su sueño para ser abogados o médicos como la madre de Mark sugería. Qué hubiera sucedido, si hubieran sucumbido ante las dificultades, ante la incomprensión, ante la falta de aliento y hubieran abandonado la pluma en un lado del escritorio. Quiero pensar que eso es simplemente imposible, que es un sentimiento irrefrenable, y que en ese momento de decisión, uno piensa que es mejor ser un poeta famélico pero realizado que ser un rico jurista o galeno, sin que dicha afirmación añada un gramo de frustración a los profesionales de las leyes o de la Medicina. En ese sentido, el poeta y novelista inglés Oliver Goldsmith ironizaba afirmando que “ser poeta sería un buen oficio si se pudiera vivir de él” poniendo este angustioso asunto sobre la mesa. La cuestión es que, aunque no se pudiera vivir de él, ¿Cómo se puede vivir sin ser poeta alguien que lo es, si eso es lo que aman y sienten las personas que conocen la gran verdad de su sentimiento y necesitan transmitirlo? Pedro Salinas sostenía que los poetas se pueden definir como los seres que saben decir mejor que nadie donde les duele…

¡Y cuánto razón llevaba! … Y ¡Cuánto duele! ¿Cómo quedarse mudos pues? ¿Cómo aguardar en silencio? ¿Cómo dejar sin palabras el diario desequilibrio mental que acontece en las desangeladas azoteas sin baranda y en los polvorientos balcones cercanos que coronan las complicadas mentes de los poetas y las poetisas?

El poema es un sueño despierto rezaba Tomas Transtömer. Es describir algo haciendo descarrilar las fronteras de su propio significado, escribí yo un día. La poesía es la razón de ser de los que anteponen el alma a sus vidas y la insaciable busca de un alma a través de los delicados reflejos que ésta ha dejado en otras: en el principio, el tenue rastro de una sonrisa o de una palabra, una doncella tierna, casta, honesta y discreta que diría Cervantes, y siempre la mejor amiga de la soledad. “La vida en sus más profundos repliegues es la fuente de toda la poesía, el sentimiento más íntimo de lo indecible”, lloraba Jean Lucien Arreat, lo indecible solo tiene un lenguaje, la poesía. Los poetas pertenecen a un reducto grupo de seres humanos que anteponen el romanticismo al éxito y bucean sin escafandra en un mar turbio que los llena a la par, de miedo y entusiasmo, ante la observación de las profundidades oceánicas.

Reprimir la vocación de un joven suele ser un acto estéril cuando el don existe. Enseñarle las dificultades del camino no hace, en la mayoría de las ocasiones, sino avivar más aun el deseo, por la consecución de un sueño que, en el caso de la poesía, nace de la lectura, de la conexión con poemas escritos hace decenas, a veces cientos de años, rindiendo homenaje al pasado, prolongando la tradición hasta el presente. Y de un espíritu sensible que percibe, con un sexto sentido, brillos imperceptibles en el ambiente que aturden el resto de los sentidos. Nace de la observación, alejada de la ciencia, de la luna, el otoño, la nieve o un banco maltrecho que naufraga en un olvidado parque. De la lentitud envenenada que nos invita a degustar cada palabra y a buscar, no ya el trasfondo inmediato, sino la tenue luz de un estadio anterior que originó el poema. Nace de conocer y querer amar la multiplicidad de los significados y su patio trasero para inventar poemas imposibles de entender.

Los poetas y las poetisas viven y sufren en público la agonía de la vida íntima de la poesía que corre por sus venas lijando, sin éxito, su exceso de sentimiento para tratar de convertirlos en seres convencionales. Quién no esté familiarizado con la poesía quizá desconozca esto. En los momentos trascendentales de nuestra existencia, la poesía, y también la música, que es poesía en movimiento, son los únicos lenguajes para interpretar los sentimientos y el ánimo. No hay margen de duda, esos momentos fundamentales de nuestra vidas, sin la poesía, se inundarían, irremediablemente de silencio y banalidad.

Dr. José A. Horcajadas

AUTORES CITADOS

Mark Strand, poeta, ensayista y traductor estadounidense (1934-2014).
José Hierro, poeta español (1922-2002).
Miguel Hernández, poeta y dramaturgo español (1910-1942).
Mario Benedetti, escritor, poeta, dramaturgo y periodista uruguayo (1920-2009).
Quino (Joaquín Salvador Lavado), humorista gráfico e historietista argentino (1932-2020).
Oliver Goldsmith, escritor y médico anglo-irlandés (1728-1774).
Pedro Salinas, escritor, poeta y ensayista (1891-1951).
Tomas Transtömer (Tomas Gösta Tranströmer), psicólogo, escritor, poeta y traductor sueco (1931-2015).
Miguel de Cervantes, novelista, poeta, dramaturgo y soldado español (1547-1616).
Jean Lucien Arreat, escritor y filósofo francés (1841-1922).