En una competición lo hacemos mejor si nos creemos superiores

Shutterstock / Niphon Subsri

Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén

Aunque nos duela, existe una jerarquía social en la que hay oprimidos e inocentes que sufren la desdicha y el castigo sin merecerlo, mientras muchos de “los de arriba” les miran con indiferencia. Así lo refleja la galardonada película Los santos inocentes, basada en el libro del mismo título de Miguel Delibes.

Podríamos pensar que la competitividad existe porque hay unos que están arriba y otros que están abajo. Que todo se reduce, más o menos, a sobrevivir y a competir entre niveles.

Pero no. También se compite con quienes están en el mismo nivel. Es más, para que un individuo dentro de un grupo prospere no basta con que centre sus esfuerzos en los recursos disponibles. Además, debe tener en cuenta el rango social y el comportamiento de los otros miembros del grupo.

El éxito depende del rango social y de contra quién competimos

La jerarquía y la competición han sido y son estudiadas por disciplinas tales como la psicología, la sociología, las ciencias políticas, la economía y la ecología. Pero hasta ahora se sabía muy poco de los mecanismos biológicos y celulares de las interacciones competitivas.

Recientemente, un equipo investigador de Boston (EE.UU.) ha publicado un interesante artículo en la revista Nature en el que demuestra, en un grupo de ratones, la existencia de unas neuronas concretas que codifican la estructura del rango social de unos animales con respecto a otros. Además, en el trabajo se detecta cómo influye la información que procesan las células sobre las decisiones que se toman al competir.

Para el estudio se registró la actividad neuronal de los ratones mientras competían, de un modo natural, por la comida. Los resultados indican que los roedores más dominantes son los que más alimento consiguen. En cuanto al éxito competitivo, varía según el rango social del animal en relación a los demás competidores.

Por ejemplo, los ratones de un rango social medio tienen mayor éxito si compiten con ratones subordinados de su grupo, y menor éxito si lo hacen con ratones más dominantes también de su grupo. Pero este efecto disminuye si la prueba se realiza entre ratones de grupos diferentes. Eso indica que no es una cuestión de fuerza, rapidez o “superioridad” real: simplemente los ratones compiten menos si se enfrentan a adversarios que saben que están en un rango superior. Si lo ignoran, compiten con la misma ferocidad que frente a sus iguales.

Como es lógico, si se modifica la recompensa y el entorno (por ejemplo, la cantidad y la distancia hasta llegar a la comida), los animales también ajustan su comportamiento según el resultado económico y las condiciones ambientales bajo las que compiten. Es decir: se muestran más motivados si hay mayor recompensa y si las condiciones son más favorables.

Competir, tener éxito y el rango social están relacionados

Las neuronas que codifican este complejo comportamiento se localizan en la corteza cingulada anterior, un área del cerebro imprescindible para el control cognitivo y emocional. Pues bien, en esta zona hay dos tipos de neuronas con funciones distintas: unas guían el comportamiento competitivo y otras evalúan el rango social y modulan a las anteriores.

Lo sorprendente es que son las del rango social las que permiten predecir el éxito futuro de la empresa que se va a acometer, con una precisión de un 71 %. Más aún, estas neuronas se encargan de integrar la información no sólo del rango social relativo, sino también de las experiencias previas en cuanto al éxito. En función de la posición social y de los triunfos previos, nos guiará en cómo nos enfrentamos a una competición, en qué decisiones tomamos frente a nuestros rivales.

Manipulando las neuronas que controlan el esfuerzo competitivo

Si los resultados anteriores indican que hay neuronas concretas en la corteza cingulada anterior cuya actividad afecta a las decisiones que tomemos en la competición a la que nos vamos a enfrentar, ¿qué ocurrirá si las manipulamos?

Pues ocurre lo esperado: la excitación de las neuronas del rango social aumenta la posición del individuo en el ranking de dominancia en su grupo, mientras que la inhibición lo lleva a una posición más baja.

En cuanto a la competición, si se excitan estas neuronas se observa que el comportamiento competitivo es selectivo, ya que el éxito solo aumenta si los ratones compiten frente a otros que sean más dominantes. Y cuando las neuronas se manipulan inhibiendo su función, el éxito competitivo disminuye sólo cuando compiten con subordinados.

Según Miguel de Cervantes “Dos linajes sólo hay en el mundo: como decía una abuela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al de tener se atenía.” Y sí, abuela, el que “tiene” compite con uñas y dientes.The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

I International Congress “Brain Dynamics and Consciousness”

El estudio de la relación entre mente y cerebro es clave para caracterizar la consciencia, entendida como los sentimientos y las experiencias que nos hacen ser como somos, que determinan nuestra vida interna subjetiva y que nos llevan a interaccionar con lo que nos rodea.

Especialistas procedentes de campos del conocimiento como la biomedicina, la computación, la filosofía, la física, las matemáticas y la psicología presentarán e integrarán, en el I International Congress “Brain Dynamics and Consciousness”, y a través del estudio de la dinámica cerebral, las principales teorías, procedimientos de análisis y resultados obtenidos en la caracterización de la consciencia, así como su aplicación clínica en la detección de estados de consciencia en enfermedades y trastornos mentales, y en pacientes en coma.

El congreso se celebrará, en la Universidad de Jaén, del 20 al 22 de abril. Puedes encontrar más información en la web del grupo organizador de la UJA: ComplexMindLab.

Los contenidos, sin duda, pueden ser de interés para estudiantes y profesorado de diferentes grados, másteres y programas de doctorado.

No es necesaria la inscripción, la asistencia es gratuita y libre, y se emitirá un certificado de asistencia a quien lo solicite.

El programa puedes encontrarlo aquí.

Te ruego que lo difundas y que te animes a asistir.

Saludos cordiales.

Sergio Iglesias
Antonio Ibañez
Francisco J. Esteban
Grupo de Investigación “Sistemas y Organismos Complejos” (UJA)
complexmind.es

Ciencia en la poesía, poesía en la ciencia: taller de poesía de tema científico

© Imagen: Lola Alcalá. © Haiku: FJ Esteban.

Elena Felíu ArquiolaUniversidad de Jaén y Francisco José Esteban RuizUniversidad de Jaén

El proyecto Explora IES, en la Universidad de Jaén, afronta el diseño e impulso de acciones para alumnado de niveles educativos no universitarios. El objetivo es proporcionar oportunidades y crear ambientes enriquecedores para el alumnado que participe.

Este proyecto se concreta en la oferta de pequeños proyectos de investigación adaptados a alumnado de 4º de ESO y de 1º de Bachillerato, relacionados con las líneas de investigación que esté desarrollando el profesorado de la UJA.

En esta edición del curso académico 2021/2022, hemos llevado a cabo la actividad Ciencia en la poesía, poesía en la ciencia: taller de poesía de tema científico, en la que han participado 10 estudiantes, de la asignatura Biología, de cuarto curso de la ESO del IES Sierra de la Grana (Jamilena),

De un modo similar a la actividad Ciencia y poesía: taller de haikus, que llevamos a cabo en la Semana de la Ciencia 2021, el objetivo ha sido mostrar que ciencia y poesía, lejos de ser ámbitos alejados entre sí, como la organización de las asignaturas de nuestro sistema educativo podría sugerir, constituyen dos maneras complementarias de conocer la realidad que se interrelacionan y se alimentan mutuamente. Ambas buscan el descubrimiento y ambas requieren intuición y creatividad, pero también trabajo y constancia.

Como muestra de esta interconexión, y como en el anterior taller, se han presentado al alumnado ejemplos de científicas y científicos que escriben poesía, así como de poetas con formación científica. También se ha mostrado cómo la metáfora está presente con frecuencia en el lenguaje científico.

Además, con la lectura de una selección de textos poéticos se ha constatado que la ciencia constituye el tema de numerosos poemas tanto a lo largo de la tradición literaria como en la literatura contemporánea.

El taller, como aplicación práctica, ha consistido en la creación de haikus de tema científico. El haiku es un tipo de composición poética de tres versos, formada por diecisiete sílabas, que se caracteriza por captar el instante, por su sencillez expresiva y por su capacidad de generar emoción.

La inquietud y el buen quehacer de estas jóvenes promesas poetas han dado lugar al resultado que mostramos a continuación. Chapó.

Haikus

Asíntota en el olvido

Como una asíntota
mis abrazos y besos 
a ti te buscan.

Alba Alcántara Vela
La Pasión
                
Vida sin ella,
como la madrugá:
sola y vacía.

Jaime Checa Beltrán
Incomprensión    
           
Nuestro amor es
unión, separación, 
como mitosis. 

Marta Cruz
Deseo

Pide la luna 
que no falte de nada 
para quererte. 

Jesús Gámez Checa
La belleza del ser

Tan complicado, 
como el cuerpo de
cualquier ser vivo.

Hugo Martínez Cazalla
Soledad

Al infinito                                                                          
sin llegar a tocarse, 
dos paralelas. 

Humanos

Somos mortales:
no conviene olvidarlo
ni recordarlo. 

Jose Martos 
Genes de primavera

Como los genes,
cada primavera es
muy diferente.

Antonio J. Moral Mérida
Diagnóstico

No hay PCR
que pueda detectar 
tu gran belleza

Andrés Peinado Martínez
Complejidad

la ciencia es bella 
tengo que estudiar mucho 
aprobaré

Jose Peragón
Irracional

El poderío
que tiene la razón
nadie lo ve.

Anarquía

Mejor escúchame:
esa liberación
es el infierno.

Aprendizaje

Yo ya lo sé:
el amor es efímero;
no los escuches.
		
Ciclo de vida

Son estas células
las que me hacen mágico.
Y se renuevan.

Antonio Jesús Jiménez (Serafín)
Lo infinito

Número pi,
misterio sin final,
sin acabar.

Alba Alcántara Vela y Antonio Jesús Moral Mérida 
Escudos corporales

Glóbulos blancos, 
protectores vitales:
¡grandes soldados!

Jaime Checa Beltrán y Jesús Gámez Checa
Necesidad

Al respirar
a ti te necesito, 
mi fotosíntesis.

Marta Cruz y Jose Peragón 
Marítimo

Sin ti me siento
igual que un pescador
ante un mar muerto.

Hugo Martínez Cazalla y Andrés Peinado Martínez 
Adicción

Eres mi droga, 
el amor de mi vida
y me das mono.

Jose Martos y Serafín 

Por qué la obesidad es un imán para otras enfermedades

Shutterstock / Stephen Barnes
Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén

Sin entrar en el debate de si la obesidad debe o no considerarse una enfermedad, y siendo conscientes de que sus causas pueden ser múltiples, nos enfrentamos a un verdadero problema de salud pública que aumenta tanto la morbilidad (enfermar) como la mortalidad (morir debido a ello).

Independientemente de lo que nos lleve a pasarnos del peso que se considera dentro de lo normal, esos kilos de más nos afectan de un modo u otro. Existen pruebas irrefutables de que la obesidad es un importante factor de riesgo para padecer otras enfermedades como hipertensión, dislipemia (alteración de la cantidad de lípidos en sangre, como el colesterol), diabetes, enfermedades cardiacas e infartos cerebrales, piedras en la vesícula, artrosis, ovario poliquístico, síndrome de apnea del sueño y algunos tipos de cáncer. Y nos hemos quedado cortos, pues se considera que la obesidad y el sobrepeso incrementan el riesgo y favorecen el desarrollo de más de 200 enfermedades crónicas.

Además, y desafortunadamente, desde el inicio de la pandemia debida al coronavirus se hizo patente el hecho de que la obesidad empeoraba la situación. Sí, desde hace años se conoce que las personas obesas son más vulnerables a las infecciones y a las complicaciones derivadas de las mismas. En el caso concreto de la covid-19, y según un estudio de la Sociedad Española de Obesidad, el 80% de las personas con manifestaciones severas por coronavirus en España eran obesas.

La acumulación de grasa enferma al tejido

¿A qué se debe que el ser obeso aumente el riesgo de contraer otras enfermedades? La investigación en biología celular, bioquímica y genética nos ayuda a responder.

La principales células responsables del almacenamiento de grasa en nuestro cuerpo son los adipocitos, que forman parte del llamado tejido adiposo. En este tejido también hay otros tipos celulares, como los linfocitos y los macrófagos del sistema inmune, y el buen estado de salud del tejido depende de que exista un equilibrio funcional entre todos los tipos de células.

Pues bien, en la base de la obesidad se encuentra la adiposopatía, que podemos decir que es una alteración que se produce debido a que, por diferentes causas, ingerimos más calorías de las que gastamos. Esto da lugar a una alteración anatómica (deposición anormal de grasa) y funcional (inmune y hormonal) del tejido adiposo que puede causar o empeorar una enfermedad metabólica.

¿Y qué es una enfermedad metabólica? Sencillamente un daño debido a la alteración de nuestras vías metabólicas, como la del colesterol, la insulina y las hormonales, que a su vez dan lugar a enfermedades como arterioesclerosis, la hipertensión, la diabetes y un aumento de hormonas masculinas en mujeres y su disminución en hombres.

La grasa se acumula donde no debe

Cuando los adipocitos comienzan a acumular más grasa de lo normal también se produce deposición de grasa más allá de donde debería, por ejemplo, en el hígado y en el músculo. Junto a la adiposopatía, este hecho provoca una alteración en la secreción de hormonas, como la leptina, y de toda una serie de proteínas proinflamatorias, como las citoquinas.

Además, la obesidad da lugar a una deposición anormal de grasa alrededor del corazón. Un estudio reciente realizado sobre casi 7 000 participantes ha puesto de manifiesto que el aumento de la grasa pericárdica se asocia con el riesgo de fallo cardiaco.

El aumento en la secreción de citoquinas debido a la obesidad no sólo reduce la capacidad de responder a la infección respiratoria causada por el coronavirus, sino que provoca que todo empeore. Más aún, la asociación de la obesidad con una disminución de la función inmune hace que estos pacientes sean más susceptibles a todo tipo de infecciones.

En cuanto al tratamiento, en los obesos disminuye la respuesta a los antivirales y son menos eficaces las vacunas.

El novelista Charles Dickens dijo que “cuanto más engorda uno, más prudente se vuelve. Prudencia y barriga son dos cosas que crecen simultáneamente”. Visto lo visto, más vale que seamos prudentes y no hagamos crecer la barriga.The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

El perfume que mejor va con su pareja y con su sistema inmune

Shutterstock / Shunevych Serhii

Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén

A cada quien le atrae alguien por causas y motivos muy diferentes. Y, para gustos, los colores… ¡y los olores! Es de sobra conocido que el olor corporal influye a la hora de elegir pareja. Y no hay que hacer muchos experimentos para tener claro que el mal olor ayuda a descartarla.

Evolutivamente y en diferentes especies, entre las que se incluyen los humanos, la pareja es elegida para complementar de un modo óptimo nuestros propios genes, especialmente los relacionados con el sistema inmune. Con ello se pretende que nuestra descendencia sea resistente a más patógenos.

El olor corporal informa sobre nuestro sistema inmune

Y aquí viene lo curioso: aunque en nuestra especie existen cientos de formas diferentes de genes que codifican el sistema inmune, en cada persona algunas de estas variantes participan en proporcionar el aroma natural propio y particular que desprendemos y nos acompaña. Es decir, el olor corporal habla directamente sobre nuestro sistema inmune.

Allá por los años 90 del siglo pasado, científicos del Instituto Max Planck llevaron a cabo los denominados “experimentos de la camiseta sudada”. Consistían en que las chicas olían las camisetas con las que los chicos, sin haber usado perfume, desodorante o jabón aromático, habían dormido dos noches seguidas. Así descubrieron que las mujeres prefieren el olor de los hombres que tienen variantes genéticas del sistema inmune diferentes a las propias.

Y, más aún, los investigadores también demostraron que las variantes genéticas del sistema inmune influyen en los ingredientes del perfume que tanto mujeres como hombres eligen. Es decir, que seleccionamos el perfume de modo que intensifique la propia señal olfativa inmunogenética. ¡Quién lo diría!

El aroma personal y el perfume que nos identifica

Unos años después, se llevaron a cabo una serie de test en los que cada participante fue capaz de reconocer un perfume concreto: aquel al que se le habían añadido partículas de su sistema inmune que caracterizan su propio olor corporal. Y, claro está por lo comentado anteriormente, también seleccionaban ese perfume como su favorito.

Desde un punto de vista neurobiológico, las imágenes de resonancia magnética mostraron que, cuando cada participante huele las partículas inmunes propias, se le activa una región concreta del cerebro: la corteza frontal medial derecha.

Y esto es muy interesante, ya que indica que los humanos también disponemos de una estructura que nos ayuda, teniendo en cuenta el olor, a decidir qué pareja elegir. En otras especies, el órgano encargado es el denominado órgano vomeronasal; a través de él se detectan, por ejemplo, las feromonas. En humanos este órgano apenas está desarrollado y no es funcional.

El aroma de la atracción y el olor del éxito

Con este sugerente título se ha publicado hace muy poco un artículo científico en el que se analiza la influencia de los estímulos olfativos, desde las delicadas fragancias a los malos olores, sobre la percepción que tenemos de los demás.

En él se indica que existe todo un rango de olores corporales que influyen sobre lo que percibimos de otra persona: si nos resulta atractiva, cuál puede ser su edad, si está estresada o sufre de ansiedad, si está enferma e incluso rasgos de su personalidad.

Eso no es todo. Además, tanto la presencia de un aroma como la ausencia de mal olor influyen en la confianza que cada persona tiene en sí misma, lo que sin duda afecta a cómo de atractiva resulta ante las demás.

Esto nos lleva a la conocida importancia del olor en la impresión que podemos dar en una reunión o en una entrevista de trabajo. Curiosamente, los hombres puntúan peor a las personas que llevan perfume o agua de colonia, mientras que las mujeres actúan de modo contrario.

¿Qué perfume elegimos?

De modo general, se piensa que utilizamos un perfume para enmascarar el olor corporal y para agradar más. Sin embargo, se ha demostrado que es la combinación del perfume con el propio olor corporal lo que nos genera el efecto agradable y personal. Claro está, en la justa proporción que seguro que somos capaces de encontrar.

Ya lo decía la abuela Matilde: “Niña, ese perfume en ti huele mejor que en mí”.

En este sentido, percibimos como más agradable una mezcla de olor propio con el perfume favorito que el olor propio con otro perfume elegido al azar, incluso si ambas fragancias se consideran, de modo general, igual de agradables.

Eso implica que el uso de un perfume va más allá de evitar el mal olor y que elegimos aquel perfume que mejor combina con nuestro olor personal. De ahí, como dicen los expertos, el gusto tan particular que cada quien tiene para elegir el perfume.

¿Y si no usamos perfume? Quizás la explicación esté en esa interesante frase de la novela El perfume, de Patrick Süskind:

Lo que codiciaba era la fragancia de ciertas personas: aquellas, extremadamente raras, que inspiran amor.The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

¿Cuánto necesitamos dormir para un sueño reparador?

Shutterstock / Ljupco Smokovski

Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén

Nos encanta esa sensación matutina que nos hace decir: “Hoy me he levantado como nuevo”. Pero no es lo habitual. Entre otras cosas porque en nuestro día a día hay tantas cosas que nos preocupan que, a veces, al llegar el momento de ir a dormir, por muy cansados que estemos no somos capaces de pegar ojo.

Contamos ovejitas, hacemos ejercicios de respiración y tratamos de poner a prueba cualquier consejo que nos lleve a conciliar el sueño. Y, de este modo, despertar con ganas de comernos el mundo o, al menos, de estar lo más descansados posible para nuestros quehaceres diarios. Vamos en busca del anhelado sueño reparador. Y describirlo así, como “sueño reparador”, no es sólo una metáfora.

Si hacemos cuentas, fácilmente vemos que un tercio de nuestras vidas lo pasamos durmiendo. Por algo será cuando el cuerpo lo pide. Con sensaciones y avisos, antes o después, llega el momento en el que se activan señales para que descansemos.

Dormimos para reparar el ADN de las neuronas

El origen más íntimo de las señales que inducen al sueño está en nuestras células. Estas señales se activan de un modo preciso para reparar los daños que se producen en su interior, de un modo natural, durante la actividad cotidiana.

Los mecanismos moleculares que nos llevan al sueño han sido desenmascarados en un estudio muy reciente en modelos animales, pues el sueño es esencial en todos los organismos con un sistema nervioso. Y se ha demostrado que el fin último de dormir es reparar los daños que se acumulan en el ADN mientras que estamos despiertos. Sí, así como suena.

Cuando estamos despiertos, la presión homeostática que nos induce al sueño, es decir, el cansancio, se acumula en el cuerpo. Somos acumuladores de cansancio cuando estamos activos y nos vamos vaciando cuando dormimos. Y llegamos a un mínimo de cansancio después de una noche completa de buen sueño.

La principal causa de aumento de la presión homeostática es la acumulación de daños en el ADN de las neuronas. Durante el funcionamiento normal de todas nuestras células se producen reacciones cuyos productos pueden dañar al ADN y, por lo tanto, a los genes que nos hacer ser como somos.

Todas las células poseen mecanismos moleculares para combatir los daños, día y noche. Pero las neuronas son más susceptibles a la acumulación de daños cuando estamos despiertos, llegando hasta niveles peligrosos que no nos podemos permitir. La ciencia ha revelado que el sueño recluta a los sistemas de reparación de ADN, que lo arreglan tan eficientemente que nos levantamos como nuevos, y nunca mejor dicho. Utilizar, pues, la metáfora “un sueño reparador” adquiere todo su sentido.

PARP1 nos manda a dormir

Una de las primeras moléculas en responder y activar los mecanismos que nos inducen al sueño es la proteína PARP1. Su misión es de vital importancia: se encarga de marcar los sitios del ADN que se han dañado y de reclutar a los sistemas adecuados para que los reparen.

Un resultado interesante fue ver que, si se impide que PARP1 actúe, la sensación de sueño desaparece. Pero esta inhibición también conlleva que no se activen los sistemas de reparación de las mutaciones en el ADN, algo que ya intuirán que no es nada bueno.

¿Cuantas horas de sueño son necesarias?

Con el fin de tratar de averiguar si hay un mínimo de horas de sueño que lleven al deseado sueño reparador, en el estudio se utilizó al pez cebra, un modelo animal de uso común en los estudios sobre el cerebro y con un sueño similar al de los humanos.

Pues bien, tras analizar la relación entre las horas de sueño y la reparación del ADN se llegó a la conclusión de que seis horas de sueño por noche suelen ser suficientes para la reducción adecuada de los daños en nuestro ADN.

¿Y si nos vamos de fiesta?

Entre los muchos y muy diferentes mecanismos neuronales que regulan los ciclos de vigilia y sueño también se encuentra la motivación.

La motivación, sin duda, modula que seamos más propensos a permanecer despiertos o a quitarnos de en medio e irnos a dormir si la situación lo requiere. Cuando estamos motivados podemos mantener un buen rendimiento físico y mental, por ejemplo escribiendo un artículo interesante, leyendo un buen libro o bailando en una divertida fiesta. Y todo ello mucho más allá de nuestros horarios habituales e ignorando la presión homeostática.

En la naturaleza, el establecer relaciones con otros congéneres, las oportunidades de apareamiento y la presencia de depredadores está claro que generan respuestas motivacionales y modulan los estados de excitación. Hay animales que pueden permanecer despiertos o dormidos mucho más de lo normal, e incluso mantener despierta solo la mitad de su cerebro, y un único ojo abierto.

Algo parecido ocurre en humanos cuando dormimos en una cama que no es la nuestra durante un viaje. Es lo que se conoce como el efecto de la primera noche. Así pues, resulta más que interesante conocer lo mejor posible los procesos que modulan la excitación y su relación con permanecer despiertos o ir a dormir, ya que pueden derivar en situaciones complicadas, incluso de conflicto.

Por su significado y relación, finalicemos con el comienzo del poema “El sueño” de Jorge Luis Borges:

Si el sueño fuera (como dicen) una

tregua, un puro reposo de la mente,

¿por qué, si te despiertan bruscamente,

sientes que te han robado una fortuna?The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Ciencia y poesía: taller de haikus

© Imagen y haiku (FJ Esteban); diseño: Curro Gutiérrez (Scriptorium Yayyan).

Elena Felíu ArquiolaUniversidad de Jaén y Francisco José Esteban RuizUniversidad de Jaén

El pasado 5 de noviembre llevamos a cabo, en la Semana de la Ciencia 2021, la actividad Ciencia y poesía: taller de haikus, ofertada a estudiantes de los dos últimos cursos de ESO y de Bachillerato de cualquier modalidad (Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales, Artes).

El objetivo era mostrar que ciencia y poesía, lejos de ser ámbitos alejados entre sí, como la organización de las asignaturas de nuestro sistema educativo podría sugerir, constituyen dos maneras complementarias de conocer la realidad que se interrelacionan y se alimentan mutuamente. Ambas buscan el descubrimiento y ambas requieren intuición y creatividad, pero también trabajo y constancia.

Como muestra de esta interconexión, se presentaron al alumnado ejemplos de científicas y científicos que escriben poesía, así como de poetas con formación científica. También se mostró cómo la metáfora está presente con frecuencia en el lenguaje científico.

Además, con la lectura de una selección de textos poéticos se constató que la ciencia constituye el tema de numerosos poemas tanto a lo largo de la tradición literaria como en la literatura contemporánea.

El taller, como aplicación práctica, consistió en la creación de haikus de tema científico. El haiku es un tipo de composición poética de tres versos, formada por diecisiete sílabas, que se caracteriza por captar el instante, por su sencillez expresiva y por su capacidad de generar emoción.

En este primer taller nos acompañaron dos grupos de estudiantes de tercer curso de la ESO del IES Hermanos Medina Rivilla de Bailén (Jaén).

Con el permiso de los jóvenes poetas, y de sus profes, mostramos a continuación el resultado del taller.

Esperamos que os guste. Quienes estuvimos, lo pasamos genial.

Haikus

En primavera
las flores nos sonríen,
inverno llora.

Aarón Mora Martínez
el infinito
no es lo mismo en sociales
que en matemáticas

son las neuronas
la mente de la vida
y el pensamiento

llega el otoño
con las hojas marrones
y clima frío

Álvaro Molina García
está el destino
escrito en los versos
que te dedico

mi cerebro es
el rincón más secreto
que mi alma guarda

Ana Recena Berja
Las matemáticas,
sumando y restando,
como la vida.

Ana Vilar Torres
El mal tiempo

Lluvia de abril
Tristes fríos de invierno
Días de julio

Ángel González Flores
Flores cantando,
viento que sopla en cuanto
maúllan rocas.

Anónimo
Las matemáticas
son la suma y la resta
y la ecuación.

Nuestras neuronas
son lo más importante
del ser humano.

Son esas células
las que nos mueven siempre
bastante rápido.

David Lendínez Tuzón
Las matemáticas,
tan exactas y a la
vez infinitas.

Diego Jesús Rusillo García-Muñoz
por la mañana
las ráfagas de sol
nos iluminan

el infinito
es vacío en el fondo
de su interior

Belén Acuña Borrás
Esa galaxia
es un millón de estrellas
que por ti brillan.

Elena Perales Contreras
Luz y universo
mar calmado y azul
así eres tú

Encarna María García Campos
La vida como
el agua en el verano
tan fresca y bella.

Guillermo Merino Chico
El infinito
es como maravilla
en una célula.

Llega el otoño,
a la calle la lluvia,
caen las hojas.

La muerte llega,
infinito descanso,
dejarlo todo.

Joaquín Merino Mendoza
Las matemáticas
son el laberinto y
un infinito.

José María Díaz Galera
Respira, besa,
me mira.
Yo respiro: ya es un latido.

Fotovoltaico:
tiene que iluminarte
y dar calambre.

No cuentes más,
pi no acaba. Me fui
de nuestra ciencia.

Viajemos lejos
con neurotransmisores
de tu cerebro.

Juan Moya Ortiz
No es olvidar,
sino que es recordar
lo ya pasado.

En primavera
con la naturaleza
el sol se esmera.

Es mi cerebro:
piensa que yo no puedo
porque no quiero.

Juan Antonio Moya García
Con elementos
estamos conformados,
elaborados.

Llega el otoño,
antes de la tormenta
el viento corre.

María Barragán González
en primavera
las flores más bonitas
resurgen pronto

Marta Perales Contreras
En primavera
mis neuronas explotan
al más allá.

En primavera
mi cara danza al sol
cuando amanece.

Miguel Arace Rodríguez
presente en todo
compone cualquier cosa
átomo azul

el infinito
da forma a las galaxias
negras y enteras

galaxia oscura
donde el sol acompaña
y no la luna

célula humana
da los nombres a todo
y también forma

Pablo Fernández Jurado
Todo eso es como
las simples matemáticas,
o sea, raras.

Tantas neuronas
para solo gastarlas
de formas malas.

Pedro Manuel Padilla Gómez
La vida pasa
como un rayo de luz.
Es un cohete.

Rosa Molina Villar
El infinito
es un ocho al revés
en matemáticas.

Salvador Barragán Romero

Lo que la ciencia tiene de poético y viceversa

Shutterstock / OnePencils
Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén y Elena Felíu Arquiola, Universidad de Jaén

 

Las mariposas del alma. Así llamaba Cajal a las neuronas. Y con esta metáfora captamos en clase la atención del alumnado al comienzo del estudio del sistema nervioso.

Sí, la ciencia y la poesía mantienen una bonita amistad, aunque no es frecuente que vayan de la mano en el aula. De hecho, la organización de las asignaturas de nuestro sistema educativo hace que difícilmente exista contacto entre los contenidos de ciencias y los de lengua y literatura.

Sin embargo, como actividades de estudio, ciencia y poesía están bien relacionadas. Ambas buscan el descubrimiento y requieren intuición, creatividad, tesón y constancia. La ciencia desde la objetividad y la poesía desde la subjetividad –con esa maravillosa capacidad de despertar emociones– son dos modos complementarios de conocer la realidad.

Ciencia con rima

En su excelente ensayo Anhelo de unidad, Juan Antonio González Iglesias afirma que “poesía, ciencia y filosofía fueron en origen una sola cosa”. Los filósofos presocráticos, como Parménides y Empédocles, explicaban científicamente el mundo a través del lenguaje poético, mientras que en Roma un autor como Lucrecio dedicó su poema De rerum natura a transmitir la física de Demócrito y la ética de Epicuro.

La simbiosis entre ciencia y literatura se extiende durante la Edad Media y el Renacimiento, para luego decaer a partir del siglo XVIII debido a la especialización del conocimiento.

Entre las manifestaciones que, del siglo XIX al XXI, distintos poetas y científicos han realizado acerca de las sinergias entre ciencia y poesía, existen ejemplos muy conocidos. Es el caso de Roald Hoffmann, poeta y premio Nobel de Química.

Y, en lo que respecta al contexto español actual, destaca Carlos Briones, investigador del CSIC en el Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), quien combina la actividad científica, la divulgativa y la poética como ganador del prestigioso Premio de Poesía Hiperión con el poemario De donde estás ausente.

En cuanto a poetas con formación científica, junto a los casos conocidos de Jorge Riechmann y de Agustín Fernández Mallo, licenciados en Matemáticas y Físicas respectivamente, queremos mencionar a María Elena Higueruelo, una joven autora jiennense graduada en Matemáticas y galardonada hace unos días con el Premio Nacional de Poesía Joven 2021.

Ciencia en la poesía, poesía en la ciencia

En los textos, la simbiosis creativa entre ciencia y poesía presenta diversas manifestaciones. Así, los avances técnico-científicos han constituido a lo largo de la historia de la literatura el tema de numerosos poemas.

Como ejemplo reciente, destaca el libro Error 404, escrito por otra joven jiennense con varios premios bajo el brazo, Begoña M. Rueda, y vertebrado en torno a la informática, cuyo poema central está escrito en código binario (¿Se atreven a descifrarlo? Los autores de este artículo lo hicimos).

Igualmente, los poetas reinterpretan conceptos procedentes de distintos ámbitos de la ciencia para la expresión de la subjetividad. Así sucede con el concepto matemático de fractal en los poemas “El corazón” de Andrés Newman y “Territorio fractal” de Carlos Briones.

A su vez, en el lenguaje científico se emplea con frecuencia la metáfora, y con diversas funciones. Queremos destacar dos de ellas: la función denominativa, que se manifiesta en la acuñación de términos científicos, y la función descriptiva, que se da especialmente en el terreno de la divulgación.

Ejemplos de ambas se pueden encontrar en un reciente artículo publicado en The Conversation. Términos propios de la vulcanología, con los que por desgracia nos hemos familiarizado en las últimas semanas, como “enjambre sísmico”, “edificio volcánico” o “boca eruptiva”, constituyen claros ejemplos de la función denominativa de la metáfora.

Además, el sintagma “arterias del volcán” se emplea como metáfora descriptiva (“el magma se acumula en forma de reservorios y se transporta a través de conductos, o diques, como si fueran las arterias del volcán”).

En el terreno de la divulgación científica son numerosas las voces y las iniciativas que desde hace años buscan construir puentes entre el territorio científico y el poético, como la sección Poesía y ciencia de la plataforma madrid+d, o el monográfico de la revista Litoral titulado Ciencia y poesía. Vasos comunicantes. Además de la atractiva exposición Ciencia y poesía.

Desde aquí, invitamos a tender puentes también en el aula. No se equivocaba la médica y educadora María Montessori al decir:

“Necesitamos especialmente de la imaginación en las ciencias. No todo es matemáticas y no todo es simple lógica, también se trata de un poco de belleza y poesía”.

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén y Elena Felíu Arquiola, Profesora Titular de Lengua Española, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Que tendamos a ser extrovertidos o antisociales está escrito en el ADN

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Francisco José Esteban Ruiz, Universidad de Jaén

Que seamos personas introvertidas, extrovertidas o que nos mostremos flexibles y actuemos según el contexto (ambivertidas) no suele tener mayor relevancia en la población en general. La mayoría pertenece al grupo ambivertido, que podría ser considerado el más saludable por la capacidad de adaptación y la efectividad social. No obstante, y aunque hay personas introvertidas y extrovertidas muy majas, seguro que conocemos casos en los que su comportamiento, manifestado en extremo, nos hace pensar que rozan lo patológico.

Tanto la introversión como la extroversión, en combinación con otros factores, pueden llevar desde edades muy tempranas a unos trastornos de la personalidad referidos como de internalización, por todo aquello que experimentamos internamente (tristeza, preocupación o ansiedad), y de externalización, al ser manifestados externamente (conflictividad, abuso o violación de las normas). Seguro que ya intuyen que en la dimensión psicopatológica de la internalización se incluyen la depresión y el ser hipocondriacos y, en la de externalización, psicosis, paranoia e histeria, por nombrar algunos.

En busca de una base genética de la externalización

Hace unas semanas se publicó, en la prestigiosa revista Nature Neuroscience, un artículo científico de lo más interesante. En él se muestra que, tras analizar los datos de un millón y medio de personas, se detectan más de 500 regiones en el genoma que pueden asociarse a comportamientos de externalización. En este caso concreto, las alteraciones están principalmente relacionadas con el comportamiento antisocial y las adicciones.

El trabajo, desde el punto de vista científico, se basa en el uso de una metodología de análisis genómico denominada GWAS (Genome-Wide Association Study, estudio de asociación de genoma completo). Con ella se identifican los cambios puntuales que se pueden encontrar en la secuencia del ADN que constituye el genoma de diferentes individuos.

Si consideramos al ADN como una cadena casi interminable (y en cualquier orden) de las letras A, C, G y T, hablamos de un SNP (single nucleotide polymorphism, polimorfismo de base única) cuando una de estas cuatro letras cambia por otra en alguna posición dada del genoma.

En un análisis GWAS podemos medir millones de SNPs (en plural) y relacionar el cambio detectado con alguna característica de interés del sujeto de estudio. Por lo general, un único cambio difícilmente suele asociarse a una característica concreta.

Por eso, para analizar los datos obtenidos del GWAS, los autores del estudio utilizan un método estadístico y computacional (denominado modelización de ecuaciones estructurales genómicas) con el que agrupan las características de externalización de los individuos y, además, estiman cómo de correlacionadas están con los SNPs. Y, como tamaño de la muestra, nada más y nada menos que un millón y medio de personas, el mayor estudio GWAS hasta ahora realizado.

El grupo de investigación detectó que en las regiones afectadas se encontraban genes que se expresan en el cerebro y que están implicados en el desarrollo del sistema nervioso. Más aún, llevó a cabo un análisis de relación entre los datos genéticos y las historias clínicas de los sujetos de estudio. Con todo ello crearon la que han denominado puntuación poligénica.

Esta puntuación indica que las personas con un mayor número de variantes genéticas asociadas a los comportamientos de externalización son más propensas a sufrir diferentes enfermedades. Entre ellas destacan la cirrosis y la infección por el virus del sida, así como una mayor tendencia a los intentos de suicidio, a encontrarse sin empleo y a las condenas penales.

Lo que no nos dice la puntuación poligénica

No cabe duda de que el avance en el conocimiento científico influye de un modo determinante en nuestras vidas, y qué decir desde el punto de vista biomédico. En relación con este estudio, conocer los posibles factores que contribuyen a los problemas conductuales de externalización sin duda puede llevar a diagnósticos y tratamientos más adecuados, como en otras muchas enfermedades con base genética.

Pero no olvidemos que encontrar una asociación no implica que la relación sea la causa. Tal y como comentamos en un artículo anterior en The Conversation, se tiende a confundir correlación con causalidad. En ese sentido, los autores del trabajo que nos ocupa, siendo conscientes de la controversia que el uso e interpretación de la puntuación poligénica puede generar, en el propio artículo indican un enlace a partir del cual encontrar información sobre la interpretación.

Cabe destacar el apartado acerca de lo que no es la puntuación poligénica: no es una herramienta “adivina”, no está libre de procesos ambientales y sociales y no es una medida de potencial innato o heredable del individuo. Las diferencias genéticas se asocian de un modo probabilístico y está claro que influyen otros mecanismos y factores como los ambientales, los históricos, los políticos y los económicos.

Cualesquiera otras posibles implicaciones e interpretaciones que pudieran surgir, por ejemplo las relacionadas con la eugenesia, la estigmatización de grupos y el racismo médico y clínico, por citar algunas, no tienen sentido alguno, como indican los autores, ya que es un estudio de asociación estadística que no establece que la causa se deba a una base genética clara y definida.

La interpretación de resultados científicos con calado social puede llevar a hacer dogma de ellos. Seamos prudentes que, como dijo el reputado médico William Osler, “cuanto mayor es la ignorancia, mayor es el dogmatismo”.The Conversation

Francisco José Esteban Ruiz, Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.