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  • No somos extraterrestres ¿O sí? (ER 93) 8 de octubre de 2010

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    Enviado el octubre 17th, 2010JUAN DOMINGO AGUILAR PEÑARenovables

    Uno de los mitos más extendidos por los portavoces de la ofensiva anti-renovable de los últimos meses es que esto de apostar por la renovables es una ocurrencia nuestra, muy reciente y, además, se le atribuye la idea a un tal Zapatero que como ya no le quieren ni en su casa, pues ya se sabe: si se le ha ocurrido a él, malo. Según esta corriente de opinión, por no llamarlo de otra forma, somos unos bichos raros en un mundo en el que todos los demás están apostando por otras tecnologías y especialmente por la nuclear. Somos, por tanto, una especie de extraterrestres a los que se les ha ocurrido la peregrina idea de utilizar la generosa energía que nos ofrece la naturaleza en lugar de quemar en dos siglos lo que la Tierra tardó en guardar millones de años o de provocar una pelea entre neutrones y protones en el núcleo del átomo (como hombre de letras hasta ahí llego) aunque la jugada tenga sus riesgos y los residuos haya que almacenarlos “temporalmente” (solo uno miles de años).

    En primer lugar, el que se le haga padre de las renovables a Zapatero, y por tanto responsable de un liderazgo mundial del que hasta ayer se presumía en este país y del que ahora se abomina, es un error. Las renovables triunfan en España por una “conjunción o coincidencia de factores” — la expresión es del pope español de la sostenibilidad, Domingo Jiménez Beltrán— que tampoco responde a una estrategia deliberadamente planificada en tiempos del Partido Popular. Sin embargo más razón tendrían estos en atribuirse la paternidad de la criatura porque el grueso de la normativa bajo cuyo paraguas se han instalado más megavatios renovables fue aprobada en sus dos legislaturas, aunque hoy no reconozcan a ese hijo y solo se preocupen de los 467 MW de Garoña.

    Pero, paternidades aparte, el error más grave es considerar que estamos solos en este camino, que nos habíamos equivocado porque nadie está en esto de las renovables. Me sorprende personalmente que gente informada, lectores diarios de prensa —no me debería extrañar dado el nivel de información de columnistas, editorialistas y tertulianos—, te aseguren convencidos de que “la apuesta por las renovables es una excentricidad de este Gobierno, que afortunadamente está rectificando”. Hay que enseñarles los datos, remitirles a los informes internacionales, ya sean de la Unión Europea o de la Agencia Internacional de la Energía, para que comprueben que todo el mundo está apostando fundamentalmente por las energías renovables. Y que algunos países que no tienen el privilegio de tener unos grandes recursos renovables como nosotros, en contadas ocasiones recurren a las tecnologías convencionales o a la nuclear como complemento de esta apuesta, complemento que nosotros no necesitamos.

    Un ejemplo puede ser el informe “EU Energy Trends to 2030” que prevé que las renovables doblen ya en 2020 su aportación porcentual en el mix eléctrico en toda la Unión Europea mientras que todas las convencionales reducirán su papel, incluida la nuclear. Respecto a esta última, y perdón por contradecir la excelente campaña de intoxicación del lobby nuclear, en nuestro entorno solo se están construyendo tres, por lo tanto no habrá más inauguraciones en un periodo de diez años —tiempo medio de maduración de un proyecto— y suman en megavatios menos de la mitad de lo que se está instalando cada año de eólica en la UE, por ejemplo. De aquí a 2020 en Europa se instalarán 136.000 MW eólicos y solo tres centrales nucleares, pero da igual, seguirán diciendo que estamos solos en esto de las renovables. Francia, nuestros “pro-nucleares” vecinos, instalará 15.000 MW eólicos y sólo una nueva central nuclear. Alemania llegará en 2020 a los 18.000 MW de fotovoltaica y nosotros, mientras tanto, poniendo el freno por un error del regulador, que no de la tecnología ahora denostada, nos quedaremos en 4.000 MW cuando tenemos mucho más recurso que ellos. Y así sucesivamente.

    No, no somos extraterrestres, ¿o sí? A lo mejor sí, porque a un ser humano en condiciones normales no se le ocurriría dar media vuelta y ponerse a correr en dirección contraria cuando iba el primero en la carrera y en la buena dirección.

    Sergio de Otto
    sergio.renovando@gmail.com

  • La energía que no viene del cielo (ER 93) 8 de octubre de 2010

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    Enviado el octubre 17th, 2010JUAN DOMINGO AGUILAR PEÑARenovables

    Javier García Breva
    Presidente de la Fundación Renovables y director de Energía de Arnaiz Consultores
    javier.garciabreva@arnaizconsultores.es

    La campaña de desprestigio de las renovables, que desde los sectores energéticos convencionales y desde el propio Ministerio de Industria se ha desarrollado a lo largo del último año, está desembocando en el cuestionamiento de los objetivos europeos para 2020. Primero fue el sector del gas quien planteó una revisión del 20+20+20, alguna eléctrica escribió que no deberían hacerse más renovables que las autorizadas hasta 2012 y ahora, desde instancias oficiales, se dice que España ya ha alcanzado sus objetivos de 2020.

    Todo está preparado para asestar el golpe definitivo a la industria renovable reduciendo los objetivos para 2020, incluso por debajo de lo que establece la Directiva de renovables. El mix que en julio debatió la Subcomisión del Congreso sobre prospectiva energética reducía el objetivo de consumo final de renovables del 22,7% al 20,8% y el de generación del 42,7% al 35,5% y estos descensos se compensan con un incremento del ahorro de energía con medidas que en estas páginas ya calificamos como el día de la marmota, es decir, medidas que se proponen de año en año y como nadie sabe si se cumplen se vuelven a proponer al año siguiente, sin evaluación y porque la crisis ha contribuido a que la economía española consuma menos energía.

    En los próximos meses se esperan nuevas propuestas de mix energético con la sostenibilidad a la baja, a las que habrá que enfrentarse todos los que creemos en las renovables y contra lo que Josep Ramoneda ha definido como el totalitarismo de la indiferencia. Porque de lo que nadie habla es de la falsa realidad que ocultan los que protegen el mayor consumo de combustibles fósiles.

    Las petroleras españolas venden antes de impuestos la gasolina y el gasoil de automoción más caro que la media europea y eso supone más de 2.000 millones de euros que pagan los consumidores. Han tenido que ponerse en huelga los mineros para saber que el carbón está subvencionado al 100% con cargo a los contribuyentes. El gas que se consume en España se compra a Argelia y se paga tanto si se consume como si no y al precio que digan los argelinos, es decir, cuanto más gas consumamos más caro saldrá. La última subida de 2007 acaba de ser ratificada por el Tribunal de Arbitraje internacional de Paris y supondrá otros 2.000 millones que GN ya anunciado que cobrará a los consumidores con una subida de la tarifa. Los varios miles de millones para la gestión de los residuos nucleares ya se han pagado en el recibo de la luz. Suma y sigue. Mientras se cuestiona el avance de las renovables no se dice toda la verdad: que el mayor coste de nuestro sistema energético es la dependencia de los combustibles fósiles.

    En los dos últimos años las inversiones en renovables superaron en todo el mundo las destinadas a las energías convencionales y pese a la recesión, las inversiones en energía limpia continúan creciendo y su liderazgo está pasando de Europa a Asia, asegurando así una importante reducción de costes en los próximos años. En el futuro se instalará más potencia renovable que de origen fósil, porque las renovables son un ejemplo de cómo transformar la crisis económica en una oportunidad para cambiar el modelo de crecimiento. La energía limpia no es una burbuja sino una inversión que continuará siendo importante en los próximos años.

    La política española ha decidido ir a contracorriente y convertir los objetivos mínimos e intermedios de Europa en objetivos máximos y maquillados por la crisis, cuando podemos y debemos aspirar a objetivos más ambiciosos por una cuestión de seguridad energética, de protección ambiental y de modelo económico. ¿Pero quién explica a la sociedad que la energía que consume no viene del cielo?