¿Delito ecológico como delito de peligro abstracto?

En este artículo, que he publicado en diciembre de 2012, analizo como la discusión sobre la naturaleza de la puesta en peligro del medio ambiente prevista en el art. 325 CP (que se ha decantado, mayoritariamente, por el peligro abstracto -hipotético- frente al concreto) se ha desarrollado sin considerar suficientemente tres variables: la afectación de los medios y manifestaciones del ecosistema, el papel de la puesta en peligro de la salud de las personas y la relevancia del tamaño del ecosistema de referencia. Se ha pasado por alto que la incorporación de las dos primeras difumina en ocasiones las diferencias entre el peligro concreto y abstracto, figuras que incluso llegan a confundirse. El olvido del tercer aspecto ha hecho desparecer del debate las consecuencias que tiene la modificación del tamaño del ecosistema en la realización de juicio de ofensividad y en las demandas de prueba.

(a) La exigencia de lesión del medio y, a veces, de la flora y fauna afectada por el acto contaminante, originaria del planteamiento del peligro concreto, se ha mantenido en el peligro abstracto  como prueba de la capacidad lesiva o como nivel lesivo mínimo que tiene que alcanzar cualquier conducta contaminadora para poder ser objeto de sanción penal. El reproche es inmediato: estamos ante un simple cambio de etiquetas, el peligro abstracto oculta el enfoque del peligro concreto. La respuesta a esta crítica también es obvia: requerir la lesión de los medios y manifestaciones del ecosistema más próximo al acto contaminante es una exigencia típica compatible con un posterior juicio de idoneidad. Los dos argumentos son correctos, ¿cómo es posible?

(b) La situación se complica todavía más cuando los defensores del peligro hipotético combinan la definición de su juicio de idoneidad, respecto al medio ambiente, con la afectación de la salud de las personas (recogida en el inciso final del art. 325 CP). Si se exige, como condición necesaria de la aplicación del delito ecológico, la puesta en peligro concreto de la salud, la naturaleza del bien jurídico medio ambiente muta y la estructura del peligro se define en función de la salud. De este modo, cuando se mantiene un modelo de peligro abstracto en relación con el medio ambiente pero luego se demanda una obligatoria puesta en peligro concreto de la salud se está definiendo el delito ecológico como un delito de peligro concreto (según una concepción antropocéntrica).

(c) La ausencia de una discusión sobre la importancia de tamaño del ecosistema de referencia ha condenado al olvido (o a un lugar secundario) dos cuestiones relevantes:

(i) El recurso al peligro abstracto resuelve los problemas de determinación causal: basta señalar que la conducta tiene ex ante una capacidad lesiva suficiente (para afectar gravemente el equilibrio de un sistema natural). Esto último resulta, presuntamente, más fácil. Y sin embargo no siempre lo es. La dificultad de prueba causal no estriba únicamente en el grado de peligro exigido, también depende del tamaño del ecosistema de referencia. Cuánto mayor sea más complicado será fijar una relación de lesividad (de resultado o de capacidad lesiva). En este aspecto la discusión se ha limitado a advertir que una visión global del medio ambiente conduce a la imposibilidad de lesión por una conducta aislada lo que desemboca, lógicamente, en el problema de los delitos acumulativos .

(ii) El art. 325 CP no da una indicación sobre el tamaño del ecosistema de referencia . Ello condiciona completamente el juicio de ofensividad en el medio ambiente: su aumento o reducción permitirá afirmar que el hecho realizado es una lesión o que es una conducta con un simple riesgo acumulativo (como opciones extremas). Por tanto, facilita la conversión del hecho en una conducta típica (cuanto más reducido sea) o atípica (cuanto más amplio sea) .

En suma, el delito de «peligro» es un concepto relativo, varía en los delitos medioambientales en función del bien jurídico de referencia y, cuando se tutele un bien jurídico colectivo, de la definición de este bien y de la descripción normativa de la consumación de su lesión. Por consiguiente, afirmar que el art. 325 CP es un delito de peligro abstracto sin tener en cuenta estos aspectos produce confusión: una misma conducta podrá ser una lesión, una puesta en peligro concreto, una puesta en peligro abstracta del medio ambiente. Y todos los planteamientos podrán ser correctos ya que parten de premisas diferentes. El conocimiento las premisas en las que se apoya cada enfoque será una condición necesaria para poder analizar la coherencia de su argumentación al fijar la naturaleza del delito ecológico. Por ese motivo, la estructura del injusto de los delitos medioambientales defendida ha de ser incluida en cualquier solicitud, lege ferenda, de que la tutela del medio ambiente se realice mediante delitos de lesión o de peligro concreto o abstracto; en cualquier interpretación, lege lata, de que los tipos existentes, son de lesión o de peligro concreto o abstracto.

¿Delito ecológico como delito de peligro abstracto? (pdf)

2 Responses to “¿Delito ecológico como delito de peligro abstracto?”

  1. Marta Medina dice:

    Muchas gracias, me ha encantado la forma de exponerlo, lo recomiendo mucho. Besos!!

  2. Administrador dice:

    Me alegro de que te haya gustado. Muchas gracias!!!