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  • Recelo al aceite de palma

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    Enviado el diciembre 21st, 2015José J GaforioDieta saludable, Otras grasas comestibles

    imagesAunque le parezca extraño, el aceite de palma es el aceite más consumido en el mundo. En 2012, el aceite de palma constituía el 32% de la producción global de aceites y grasas en el mundo superando al aceite de soja como el aceite vegetal más importante. Aunque originario de África occidental, el cultivo de la palma (Elaeis guineensis) se ha extendido a gran escala por otras regiones tropicales. Actualmente, Malasia e Indonesia son los principales productores de aceite de palma, entre ambos representan el 86% de la producción mundial. Otros países productores son: Tailandia, Colombia, Nigeria, Papúa Nueva Guinea, India y Brasil. Ante la caída de precios, el pasado mes de noviembre, los dos países líderes en producción, crearon un Consejo de países productores de aceite de palma con el objetivo de estabilizar los precios manejando la producción y las existencias en el mercado global. En el mercado de Rotterdam, el precio del aceite de palma crudo ronda los 532 $ USA la tonelada métrica. Como referencia, según el sistema de información de precios en origen del aceite de oliva (Poolred), el precio medio del aceite de oliva virgen extra en la última semana es de 3.096 € la tonelada y, el del aceite de oliva virgen es 2.975 €.

    El aceite de palma es cuestionado por su alto coste ambiental y por sus implicaciones en la salud.

    Del fruto de la palma se extraen dos tipos de aceite, dependiendo de la parte que se utilice para su extracción. De la parte carnosa madura (mesocarpio), se obtiene el aceite de palma crudo; de la semilla, el aceite de palmiste. Ambos se caracterizan por su alto contenido en ácidos grasos saturados aunque, son muy diferentes entre si. El aceite de palma tiene un 50% de ácidos grasos saturados, siendo el más abundante el ácido palmítico (44%) seguido por el esteárico (5%). El aceite de palmiste contiene un 85% de ácidos grasos saturados y, de entre ellos, los más abundantes son el ácido laurico (48%) y el mirístico (16%). Los consejos dietéticos que emanan de todas las sociedades médicas e instituciones sanitarias, aconsejan reducir en lo posible la ingesta de ácidos grasos saturados por su relación con las enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2 y, determinados tipos de cáncer. A pesar de ello, estos aceites tienen un uso muy extendido en la industria de la alimentación, pero también, como biocombustible, en la industria de los cosméticos, fabricación de velas o de jabón.

    Durante las últimas décadas, el uso de los aceites de palma por la industria alimentaria ha crecido exponencialmente. Se utiliza como aceite para freír y, también los encontramos en multitud de alimentos como: productos de panadería, galletas, dulces y pasteles; patatas fritas; chocolate; comidas pre-elaboradas, congeladas o no (tortitas, tartas, pizzas, patatas, etc); helados; fideos instantáneos; mantequilla; aderezos de ensaladas; aperitivos; sopas; cremas no lácteas; palomitas de microondas o; mantecas vegetales.

    Por su amplia utilización, las plantaciones de palma crecen vertiginosamente y, ello conlleva un impacto ambiental casi irreparable. Para realizar estas plantaciones, se recurre a la deforestación de bosques tropicales, habitualmente incendiándolos. Un dramático ejemplo es lo que ocurre en Indonesia, el segundo mayor productor de aceite de palma en el mundo. El gobierno de este país manifiesta que 1,7 millones de hectáreas han sido arrasadas en 2015 por fuegos que se repiten cada año aunque, éste ha sido peor debido a la sequía provocada por el Niño. El impacto es terrible: a consecuencia de los incendios, Indonesia se ha convertido en el mayor emisor de gases de efecto invernadero en el mundo. La desaparición de los bosques tropicales autóctonos, repercutirá tarde o temprano en una menor pluviosidad; afecta muy seriamente al hábitat natural de animales como el orangután, el rinoceronte o el tigre de Sumatra y; disminuye la biodiversidad. La presión económica estimula todo esto. La palma genera más ingresos y de forma continuada a los agricultores si se compara con la que producirían otros cultivos. La cosecha es mensual y no una vez al año como ocurre con otros cultivos. Tiene una alta productividad, una hectárea de plantación de palma es capaz de producir hasta 10 veces más aceite que otros cultivos de semillas oleaginosas.

    Desde Europa, incentivamos todo esto de forma directa o indirecta. Un informe publicado en octubre de 2014 por “Europe Economics” y que estudia el impacto económico de la importación de aceite de palma en la Unión Europea, sitúa a Unilever, empresa holandesa, como el mayor consumidor internacional de aceite de palma. Junto a esta, hay una larga lista de empresas europeas que lo consumen en cantidades considerables, entre ellas: Ferrero Trading (Italia), Associated British Foods (Gran Bretaña), United Biscuits (Gran Bretaña), Aldi (Alemania), Barilla (Italia), IKEA (Suecia), Carrefour (Francia), Lidl (Alemania), Farm Frites (Holanda), Marks & Spencer (Gran Bretaña), etc. Este mismo informe, indica que la Unión Europea utiliza 6.384.000 toneladas de aceite de palma. El país que está a la cabeza es Holanda con 1.330.000 toneladas, le sigue Italia con 992.000 toneladas. España ocupa el quinto lugar con 555.000 toneladas. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos de Norteamérica, la producción mundial de aceite de palma en 2015 se estima que será de 62,5 millones de toneladas métricas.

    En Italia existe una preocupación ciudadana ante todo ello. Se ha puesto en marcha un movimiento que tiene como lema: “Stop a la invasión del aceite de palma” y ello por motivos éticos, ambientales y de salud.

    Aunque usted no sea consciente, sepa que consume aceite de palma pues está presente, por ejemplo, en multitud de alimentos transformados. En el etiquetado, suele venir indicado como: “Aceite vegetal”.

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